Raisa y Goshia

21 oct 2013

La decisión de La Reina

Raisa había esperado mucho para volver a ver un amanecer. Quería ver con sus propios ojos ese nuevo mundo, ver si era distinto al que ella conocía. Cuando las puertas se abrieron ella no pudo esperar y  salió rápidamente. El sol en lo alto del cielo cegó a la joven vampira durante unos minutos. Al recobrar la vista se alzaba ante ella un gran campo de hierba fresca.  Raisa no podía desear mayor belleza en aquel instante. No pudo controlarse y se tiró al suelo y comenzó a rodar como si fuera una croqueta.
-Raisa… -Dijo una voz masculina detrás de mi- De verías cortarte un poco.
-Lo siento papa, pero es que hacia tanto tiempo que no pisaba la hierba que no he podido resistirme.
-Lo entiendo, pero Raisa,… ahora no eres un cría, estás casada y debes comportarte con tal.
-Lo siento padre, pero lo dije una vez y lo volveré a decir las veces que haga falta, no le quiero y jamás me consideraré que soy de él. Le odio.
Mi padre sabía de lo que le hablaba, se lo dije en más de una ocasión.
Durante los siguientes días me dediqué a salir por mi cuenta y pasar de Gin todo lo que pudiera aunque después tuviera que dormir en el mismo dormitorio que él.
Una mañana salí por mi cuenta al mundo humano para verlo con claridad. No era igual que la última vez que lo vi. Las mujeres iban todas con vestido y se paseaban como si fueran princesas. Todo parecía tener más color, Me tapé con una túnica para que no se me reconociera. Mucha gente caminaba por las calles agarrado a su pareja, amante…
-¿Por qué no puedo tener yo algo como lo que tienen ellos?
Seguí pasando por las calles hasta un pequeño parque. En él me encontré con alguien al que no quería ver.
-¿Qué haces aquí? –dije enfadada por su presencia.
-Eso debería preguntarlo yo –me dijo aquella persona de cabellos blancos y ojos rojos que estaba ante mí.
-¿Qué es lo que quieres? Quedamos en que por la noche no teníamos más remedio que estás juntos, pero que por las mañanas haríamos nuestra vida.
-Si, lo sé, pero la Reina tiene otra idea para nosotros. Quiere vernos a los dos inmediatamente.
Él se marchó primero. Miré mi mano en la que posaba un anillo en uno de los dedos.
-“Odio mi vida”
Tras aquello caminé detrás de él hasta entrar de nuevo en el mundo de los vampiros. Los dos nos dirigimos a la sala del trono.
-Madre.
-Bien, ya estáis aquí, tengo otra misión para vosotros.
-De que se trata esta vez… -dije no muy contenta.
Gin enfadado por mi comportamiento me cogió con brusquedad del brazo.
-Déjala, debe estar en perfectas condiciones para lo que la espera.
-¿Qué quiere decir madre?
-Como responsabilidad de los recién casados, y más como príncipe de los vampiros, es tu responsabilidad, Gin, de dar un hijo puro al clan de los vampiros.
-¿QUÉ? –dije sin creerme lo que me estaba diciendo -. Jamás concebiré al hijo de Gin, yo no le amo.
-Lo harás, es mi última palabra.
Tras aquellas palabras Gin me cogió del brazo y me llevó fuera de la sala del trono.
Me llevó arrastras hacia la habitación y me tiró sobre la cama.
-¿Qué crees que haces imbécil?
-Yo tampoco quiero tener un hijo con una medio vampira como tú. Pero si la reina quiere eso, hay que hacer lo que la reina quiere.
Volvió a agarrarme y me tumbó en la cama quedando él encima de mí. Tenía más fuerza que yo por ser un vampiro completo. Me cogió las manos con una de las suyas y me aprisionó las piernas con las suyas. Comenzó a arrancarme la ropa hasta que estuve completamente desnuda en la cama. Las manos de Gin  comenzaron también a desnudarle por completo. Una vez estuvo sin ropa separó mis piernas y poco a poco introdujo su pene dentro de mí, lo que no me hizo ninguna gracia. Empecé a sentir mucho dolor. Notaba como Gin se iba moviendo con rapidez y cada vez más rápido. Mis piernas ya no aguantaron aquel dolor y dejé de resistirme ante él. Gin pudo soltarme sin problemas y sujetarse a la cama para poder empujarse y hacerlo con más rapidez. Me agarré a las sábanas de la cama. Mis lágrimas comenzaron a caer por el dolor. Poco a poco iba menguando pero aún así era demasiado doloroso aguantar eso.
-Para, por favor, me haces daño –dije ya sin fuerzas.
Gin hizo oídos sordos y siguió a lo suyo. Al poco tiempo el dolor había desaparecido por completo, pero Gin no cesó su movimiento. Noté dentro de mí como algo caliente entraba, era un líquido viscoso que noté también como salía un poco. Tras aquello se la sacó. Me incorporé un poco, con dificultad, en lo que él respiraba un poco. Miré las sábanas y vi que había una gran mancha de sangre debajo de mí.
-Esto no va ha funcionar, aún eras virgen, habrá que aguardar unos días hasta que tu vagina se haya acostumbrado.
Se puso algo por encima y salió de la habitación dejándome allí sola. Y llorando sobre la cama.
Me sentí indefensa ante aquel ataque, no sabia que hacer, ni siquiera se lo dije a mi padre, aunque ya sabia lo que tenia que pasar entre Gin y yo.
Al día siguiente, mientras Gin dormia me levanté de la cama y me marché al mundo de los humanos para no tener que verle la cara a Gin durante todo el dia, y para poder tenerlo solo para mí.

No tenía mucho que hacer, ya que ese mundo para mí era completamente desconocido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario