Raisa había esperado mucho para volver a ver un
amanecer. Quería ver con sus propios ojos ese nuevo mundo, ver si era distinto
al que ella conocía. Cuando las puertas se abrieron ella no pudo esperar y salió rápidamente. El sol en lo alto del
cielo cegó a la joven vampira durante unos minutos. Al recobrar la vista se
alzaba ante ella un gran campo de hierba fresca. Raisa no podía desear mayor belleza en aquel
instante. No pudo controlarse y se tiró al suelo y comenzó a rodar como si
fuera una croqueta.
-Raisa… -Dijo una voz masculina detrás de mi- De
verías cortarte un poco.
-Lo siento papa, pero es que hacia tanto tiempo
que no pisaba la hierba que no he podido resistirme.
-Lo entiendo, pero Raisa,… ahora no eres un cría,
estás casada y debes comportarte con tal.
-Lo siento padre, pero lo dije una vez y lo
volveré a decir las veces que haga falta, no le quiero y jamás me consideraré
que soy de él. Le odio.
Mi padre sabía de lo que le hablaba, se lo dije
en más de una ocasión.
Durante los siguientes días me dediqué a salir
por mi cuenta y pasar de Gin todo lo que pudiera aunque después tuviera que
dormir en el mismo dormitorio que él.
Una mañana salí por mi cuenta al mundo humano
para verlo con claridad. No era igual que la última vez que lo vi. Las mujeres
iban todas con vestido y se paseaban como si fueran princesas. Todo parecía
tener más color, Me tapé con una túnica para que no se me reconociera. Mucha
gente caminaba por las calles agarrado a su pareja, amante…
-¿Por qué no puedo tener yo algo como lo que
tienen ellos?
Seguí pasando por las calles hasta un pequeño
parque. En él me encontré con alguien al que no quería ver.
-¿Qué haces aquí? –dije enfadada por su
presencia.
-Eso debería preguntarlo yo –me dijo aquella
persona de cabellos blancos y ojos rojos que estaba ante mí.
-¿Qué es lo que quieres? Quedamos en que por la
noche no teníamos más remedio que estás juntos, pero que por las mañanas
haríamos nuestra vida.
-Si, lo sé, pero la Reina tiene otra idea para
nosotros. Quiere vernos a los dos inmediatamente.
Él se marchó primero. Miré mi mano en la que
posaba un anillo en uno de los dedos.
-“Odio mi vida”
Tras aquello caminé detrás de él hasta entrar de
nuevo en el mundo de los vampiros. Los dos nos dirigimos a la sala del trono.
-Madre.
-Bien, ya estáis aquí, tengo otra misión para
vosotros.
-De que se trata esta vez… -dije no muy contenta.
Gin enfadado por mi comportamiento me cogió con
brusquedad del brazo.
-Déjala, debe estar en perfectas condiciones para
lo que la espera.
-¿Qué quiere decir madre?
-Como responsabilidad de los recién casados, y
más como príncipe de los vampiros, es tu responsabilidad, Gin, de dar un hijo
puro al clan de los vampiros.
-¿QUÉ? –dije sin creerme lo que me estaba
diciendo -. Jamás concebiré al hijo de Gin, yo no le amo.
-Lo harás, es mi última palabra.
Tras aquellas palabras Gin me cogió del brazo y
me llevó fuera de la sala del trono.
Me llevó arrastras hacia la habitación y me tiró
sobre la cama.
-¿Qué crees que haces imbécil?
-Yo tampoco quiero tener un hijo con una medio
vampira como tú. Pero si la reina quiere eso, hay que hacer lo que la reina
quiere.
Volvió a agarrarme y me tumbó en la cama quedando
él encima de mí. Tenía más fuerza que yo por ser un vampiro completo. Me cogió
las manos con una de las suyas y me aprisionó las piernas con las suyas.
Comenzó a arrancarme la ropa hasta que estuve completamente desnuda en la cama.
Las manos de Gin comenzaron también a
desnudarle por completo. Una vez estuvo sin ropa separó mis piernas y poco a
poco introdujo su pene dentro de mí, lo que no me hizo ninguna gracia. Empecé a
sentir mucho dolor. Notaba como Gin se iba moviendo con rapidez y cada vez más
rápido. Mis piernas ya no aguantaron aquel dolor y dejé de resistirme ante él.
Gin pudo soltarme sin problemas y sujetarse a la cama para poder empujarse y
hacerlo con más rapidez. Me agarré a las sábanas de la cama. Mis lágrimas
comenzaron a caer por el dolor. Poco a poco iba menguando pero aún así era
demasiado doloroso aguantar eso.
-Para, por favor, me haces daño –dije ya sin
fuerzas.
Gin hizo oídos sordos y siguió a lo suyo. Al poco
tiempo el dolor había desaparecido por completo, pero Gin no cesó su
movimiento. Noté dentro de mí como algo caliente entraba, era un líquido
viscoso que noté también como salía un poco. Tras aquello se la sacó. Me
incorporé un poco, con dificultad, en lo que él respiraba un poco. Miré las
sábanas y vi que había una gran mancha de sangre debajo de mí.
-Esto no va ha funcionar, aún eras virgen, habrá
que aguardar unos días hasta que tu vagina se haya acostumbrado.
Se puso algo por encima y salió de la habitación
dejándome allí sola. Y llorando sobre la cama.
Me sentí indefensa ante aquel ataque, no sabia
que hacer, ni siquiera se lo dije a mi padre, aunque ya sabia lo que tenia que pasar
entre Gin y yo.
Al día siguiente, mientras Gin dormia me levanté
de la cama y me marché al mundo de los humanos para no tener que verle la cara
a Gin durante todo el dia, y para poder tenerlo solo para mí.
No tenía mucho que hacer, ya que ese mundo para
mí era completamente desconocido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario