Raisa y Goshia

30 ene 2013

El clan vampírico, la Lucha.

Acababa de levantarme, aún no había a prendido a no dormir, todavía lo necesitaba.
Había pasado una semana desde que había comenzado a entrenar como vampiro. Un día llegó una visita. Cuando me levanté había un hombre en la puerta, el hombre tenía el pelo verde largo, los ojos rojos, piel pálida, y vestía como un sirviente, con un traje negro  y camisa roja.  Hablaba con mi padre, sobre una pelea o una puerta, o algo parecido, no podía escucharlos bien. Mis oídos aún no estaban desarrollados como para escuchar el tono tan bajo en el que hablaban. Después de la corta conversación, aquel hombre saltó a un árbol y después a otro alejándose de la casa. Cuando mi padre cerró la puerta me acerqué a él y me quedé detrás del sillón.
-¿Qué es eso Rayuk?- dije cuando este cerró la puerta.
-Es una carta firmada por la reina.- Rayuk se sentó en el sillón en el que estaba yo y comenzó ha abrir la carta.
-¿La Renia? ¿Pensé que ella no sabía que estabas aquí?
- Al parecer si que lo sabe, aunque hoy por hoy me alegro que lo sepa.- dijo mientras comenzaba a leer la carta.
-¿Por qué dices eso?
-Verás, esto no te lo he contado antes, pero tienes que saber algo de las criaturas oscuras.
Me senté a su lado para evitar que el tuviera que estar mirando hacia atrás todo el rato, y también para ver le mejor.
-Sabía que no estaría en esta casa por mucho tiempo, pero ha sido más del que creía.
-No te entiendo.-dije mirándole interesada.
-Verás, esta casa, la construí hace algún tiempo. Antes de conocer a tu madre, vine a este mundo nuevo que se creó, pero cada cierto tiempo el mundo se destruye dando paso a otro mejor.
-¿Pero como nos libraremos?
-Existe una puerta por la que deberemos pasar, una puerta  que separa el mundo de las criaturas con el humano, esa es nuestra única salida.
-¡Pues vámonos!
-Eso es mas fácil decirlo que hacerlo, pero no sabemos cuanto tiempo estará abierta, además debemos completar tu entrenamiento antes de volver.
-¿No es mas importante nuestra vida?
-Si, por esa razón debemos completar tú entrenamiento, verás, como nueva vampiro que eres deberás pasar ante los ojos de la reina, y eso solo lo consigues peleando contra otro vampiro.
-Tú me has enseñado a pelear, se que lo conseguiré sin problemas. –él me miró preocupado.
-Eso es lo que mas temo, que estás muy confiada, pero esos vampiros llevan décadas peleando, saben como son los duelos que la reina elije, y no son fáciles.
-¿Por qué?
-Porque es un combate a muerte.-me asusté ante sus palabras, el cuerpo comenzó a temblarme de arriba abajo.
-¿No hay, no hay manera de librarse?- Él negó con la cabeza.
-Solo  ha habido una pelea en la que ambos participantes sobrevivieron.
-¿Quiénes eran?
-Un Masamune y un familiar de la Reina-Me sorprendí.
-Uno de nuestros familiares…-Él asintió.-¿Fuiste tú?- dije
-No, no fui yo, yo maté a mi oponente, el que sobrevivió fue mi tatarabuelo. Nunca jamás se ha vuelvo a ver una pelea de esas características en la historia de los vampiros.-Escuché toda la historia que me contó sobre aquella pelea.
-¡YO GANARÉ! No importa quien sea mi contrincante sobreviviré. Lo haré por ti. Solo por ti.-sonreí contenta y confiada.
Rayuk sonrió.
Ala mañana siguiente comencé mas seriamente mi entrenamiento no dejando que nada ni nadie me golpeara.
La puerta se mantuvo abierta durante más de 4 años, y ya estábamos en el quinto año. Mi cuerpo se había estancado en el tiempo cuando cumplí los 20años, a partir de ese momento no envejecería para nadie. Durante el tiempo que estuve entrenando me enfrenté  muchos tipos de criaturas oscuras, magos, brujas, bansies… pero a lo único que no me había enfrentado y lo único a lo que mas deseaba enfrentarme era a uno de los míos y ganar para que mi padre se sintiera orgulloso de mí. Los licántropos no habían aparecido por nuestro territorio pero escuché mucho de ellos, pero no tuve el placer de enfrentarme a ninguno de ellos ya que tanto su poder como el nuestro estaba a niveles muy igualados, además de que nuestras razas tenían un pacto por el que juraron que no se atacarían los unos a los otros mientras se respetaran las tierras de cada uno, si alguna criatura osase traspasar la frontera la guerra que se formaría destruiría al mundo para siempre.
Unos meses después de mi cumpleaños nos llegó la última carta de la reina de que teníamos que volver al reino vampírico antes de que la puerta se cerrada por completo, lugar que tendría echo la siguiente luna de sangre, para lo que quedaban 2 días.
-¿Crees que debemos marcharnos ya?-Dije mientras salía de mi habitación completamente arreglada.
Tras aquel tiempo siendo vampira había conseguido dominar todas y cada una de las técnicas vampíricas, como el sueño o el oído. También había conseguido tener mi propio estilo de vestimenta y de ser. Todo en mí había cambiado desde que fui aquella niña asustadiza, hay conseguido ocultarla por completo, me había convertido en un ser que es capaz de hacer cualquier cosa cuando se lo propusiera.
-Si, ya estás lista- dijo con una sonrisa a lo que yo contesté con otra desafiante por lo que me iba a encontrar cuando llegara a la base.
Esa misma noche salimos de la casa dejándola abandonada abrimos las alas de vampiros y volamos hasta el lugar en el que se encontraba la puerta. Era un parque público que estaba lleno de adolescentes con las hormonas revolucionadas. Aterrizamos un poco alejados de ellos para que no nos vieran.
-Que asco me dan los humanos-Dije malhumorada como era normal en mí desde hacia tiempo.
-No te preocupes, no tendrás que verles mas, serán destruidos junto con el resto del mundo. Solo tenemos que traspasar la puerta y estaremos en casa.- me tocó el hombro.-Vamos, no está lejos, aguanta hasta que lleguemos, en la pelea podrás desahogarte todo lo que quieras.
-Está bien, vamos- comencé a caminar delante de él, intenté no mirar a los humanos, pero sabia que muchas de esas personas me estarían mirando y señalando, pero cerré los ojos y continué recto haciendo caso omiso a lo que dijeran o hicieran.
Traspasé la puerta sin problemas. Abrí los ojos cuando estuve dentro de esta. A mí alrededor se veía un cielo de color rojo sangre que ocultaba la luna tras unas negras nubes.
-Bien, ya estás en casa, ahora no hay nada que temer, estamos a salvo.
Le miré y después otra vez a mi alrededor. Comenzamos a caminar, me intentaba mentalizar de lo que me pasaría cuando conociera a la Reina, pero nunca tuve el placer de hacerlo y estaba un poco nerviosa.
Llegamos a la sala del trono, la Reina ya había sido informada de una nueva miembro y quería saber si ella era lo bastante fuerte como para poder pertenecer al clan o seria tan débil que no valdría la pena su vida.
-Bienvenida, Raisa Masamune- Dijo la reina con amabilidad aunque con un poco de poderío. Me incliné ante ella.- parece que es un buen prototipo, lástima que sea una mezcla entre humana y vampiro.
-Se equivoca señora, lo único que esta chica tiene es parte vampiro, su parte humana fue remplazada por la vampiro que le faltaba.
-Eso es toda una sorpresa Rayuk, parece que nos traes un buen ejemplar, deseo ver si será capaz de vencer en la batalla.
-Lo haré majestad, no perderé la batalla, quiero que mi padre se sienta orgulloso de mi, no quiero decepcionarle después de todo lo que ha hecho por mi.
-Segura de si misma, me gusta eso, ya se que haré contigo si consigues vencer la batalla.
Miraba a la reina sin dejar de escuchar a todos aquellos vampiros que estaban por allí susurrando.
-Bien, comencemos, la puerta está apunto de cerrarse y quiero ver el final del mundo humano por tercera vez. – La Reina sonrió- ¡Gin!-Gritó el nombre de alguien.
-¡Majestad!- gritó mi padre sorprendido por la decisión de La Reina.-Majestad no puede hacer eso.
-¡Cállate! Yo soy la ley, yo decidiré quien luchará con quien.
-Pero ella no está preparada para eso.
-Ese será su problema. Muerte o vida, solo hay un camino.
Ese alguien salió de entre todos los vampiros que había. Ese alguien era un chico de pelo blanco largo y los típicos ojos rojos que tienen todos los vampiros.
-¿Que deseas madre?- dijo riéndose mientras me miraba.
-Este será tu duelo a muerte, sabes lo que tienes que hacer.
-Si.- Comenzó a caminar hacia mí. Se puso a unos pasos enfrente de mí dando la espalda a la Reina.
Me quedé parada en mi sitio mientras veía a los demás vampiros susurrar.
-Otra vez, tendremos una pelea como aquella, ¿que ocurrirá?
-Raisa- mi padre se acercó a mí- no tienes que hacerlo, yo hablaré con La Reina.
-¡No! voy hacerlo, si es la voluntad de La Reina lo haré, no tengo elección.- sé que mi padre estaría preocupado por mí, pero que otra cosa podía hacer, la pelea ya había sido decidida, ahora solo tenia que aguantar en pie hasta que sonara la campana final.
-Bien, pues si todo está decidido…- Dijo La Reina
En mis manos se comenzó a ver una luz de color negro que iba tomando forma poco a poco hasta convertirse en dos abanicos de adamantium, el metal más fuerte del mundo.
-Tú también tienes habilidades. – dijo Gin- Será una pelea interesante.- No dije nada, me mantuve atenta a sus movimientos.
-Si estáis listos podéis empezar.- Dijo como última vez la Reina antes de que comenzara la pelea entre los dos vampiros.
Gin estaba parado en su sitio, no se había movido desde que La Reina dijo sus últimas palabras.
-¿No piensas atacarme?- Me dijo.
-No es bueno atacar en primer lugar, esa puede ser tu caída.
-Parece que te han entrenado bien, pero…-Desapareció de mi vista. – Esa también puede ser tu perdición.- Apareció detrás de mí y me golpeó en la espalda haciéndome avanzar unos metros hasta que paré.
Volvió a moverse de su sitio, le notaba moverse a gran velocidad, pero no conseguía seguirle. Me golpeó varias veces en el cuerpo haciendo que cayera en más de una ocasión al suelo. La gente de mí alrededor se reía de mí y me señalaba con el dedo.
-Se ve que la generación Masamune ha ido en disminución con los años.
Miré a mi padre, estaba preocupado. Pero no podía hacer otra cosa. Estaba a gatas, respirando como podía, entrecortadamente. Las heridas no se me habían cerrado y eso para mí era extraño.
-¿Por qué no se cierran las heridas?
- Que ingenua.- Gin se paró delante de mí, me golpeó en el estómago haciendo que me cayera al suelo.- Este lugar está protegido, por eso las peleas se realizan en este lugar, la regeneración queda anulada cuando se entra en este lugar.-dijo con una sonrisa burlona- Ahora solo puedes esperar a la muerte, jajajajaja- Se rió sin contemplación alejándose mientras dejaba mi cuerpo en el suelo desangrándose poco a poco. Los abanicos me habían desaparecido.
Miré a mi padre, me sentí culpable de ser tan débil por que él me había protegido y enseñado durante estos 5 años, él único que contó la verdad sobre mí, el por que de muchas cosas que requerían una respuesta que mi madre jamás me quiso dar.
-Los débiles deben perecer, los fuertes deben continuar. Es ley de vida. –Dijo Gin mientras se marchaba fuera del círculo que habían hecho los vampiros allí presentes.
-En eso te equivocas.- comencé a levantarme con las pocas energías que tenia. Él me miró.
-¿¡Qué!? ¿Cómo es posible que puedas levantarte después de esa paliza?
-Los débiles no debemos perecer, debemos continuar para hacernos más fuertes, somos el apoyo de muchos. No tenemos que perecer, el mundo necesita de todo. Siempre debe de haber un equilibrio, débil fuerte, vivo muerto, cielo tierra. Todo está conectado.-El aura comenzó a envolverme de nuevo.
-¿De que estás hablando?
-Pero sobre todo lo que está conectado son los sentimientos entre unos y otros, el sentir que eres importante para alguien te hace fuerte y tu propia fuerza, ese ha sido tu error, que solo confías en ti para luchar, no confías en nadie más.
-En un combate las confianzas en alguien sobran, solo existes tú y el enemigo.
-Te equivocas, jamás podrías vencer a numerosos enemigos solo, necesitas compañeros que te protejan donde eres mas débil, en la espalda, y tú protegerles a ellos.
-Maldita. Jamás ocurrirá eso.- Desaparecí de su vista.
Comenzó a buscarme.
-Muéstrate, esto es una pelea, si huyes morirás.- Aparecí detrás de él.
-No desapareceré.-le golpeé en la columna vertebral. Él cayó hacia delante.
Una vez en el suelo me miró con odio, un odio mayor que el de antes.
-Te dije que protegieras las espaldas, es tú punto mas débil. – Dije seriamente mientras en mi mano aparecían dos bolas de humo negro.
Gin se levantó y corrió hacia mí mientras en sus manos aparecía una luz brillante. De repente comenzó a hacer calor. A mí alrededor comenzaron a aparecer imágenes de Gin, todas acercándose a mí.
-“Solo uno de ellos es real, pero cual”- les miré a todos rápidamente mientras se iban acercando a mí-“¡Ya le tengo!”- hice que una de las bolas desapareciera de mí mano y en su lugar apareció una espada de doble filo.
Conseguí parar el ataque fácilmente. Cuando le paré y él se desconcentró, las copias que había creado desaparecieron al instante.
-Impo-Imposible, ¿Cómo me has descubierto?
-Cuando tus manos se han iluminado he sentido que la temperatura aumentaba progresivamente, tus ilusiones mantenían el mismo calor, pero solo tú habías aumentado dicho calor. Ha sido fácil, solo con la observación.
-TKS… Maldita Masamune, siempre os he odiado a ti y a toda tú familia. Me vengaré de ti.- Se empujó hacia atrás y comenzó a lanzarme bolas de luz.
Antes de que las bolas me golpearan saqué las alas y comencé a volar por todo el lugar esquivando todas las que me mandaba.
-¡Ven aquí! No huyas.
-Sígueme si puedes.- me burlé de él.
Durante los años anteriores mientras entrenaba me había documentado de todos los vampiros famosos que habían surgido a lo largo de los años. Llegué hasta un vampiro, del cual se decía que era el hijo de La Reina pero que había nacido con un problema, no podía volar, aunque no se sabía el porque.
-Lo olvidaba, no puedes volar. – me burlé.
-Ven aquí desgraciada.
Volé por toda la sala lanzándole bolas oscuras que golpeaban contra el suelo y que algunas de ellas consiguieron darle. La batalla se estaba haciendo muy fiera, los dos estábamos agotados y enfadados el uno con el otro, pero que otra cosa podíamos hacer, solo podía quedar uno de nosotros. Habíamos destrozado toda la sala y habíamos dejado heridos a más de un vampiro de los que allí se encontraban. Nuestros cuerpos aunque aún podían resistir estaban muy dañados y apenas podíamos mantenernos en pie.
-NO PERDERÉ.- volvió a correr hacia mí.
-YO TAMPOCO- corrí hacia él con las manos en alto lanzando el que seria mí último ataque.
Él pensó lo mismo que yo, cuando nos juntamos por última vez lanzamos nuestro ataque haciendo que nos explotara cerca de nosotros.
Se produjo una gran explosión. Sentí que mi cuerpo, que las fuerzas que tenía me abandonaban, comenzaba a caer sin poder hacer nada al respecto. Caí al suelo boca abajo sin poder moverme y respirando entre cortadamente intentando proteger las partes de mi cuerpo mas dañadas, intentando impedir que la sangre saliera de mi cuerpo y poder mantenerme con vida para volver a ver a mi padre una vez más.
Miré delante de mí, mi rival estaba en las mismas condiciones que yo, no podía moverse debido a la explosión causada por nuestros poderes. La gente de nuestro alrededor murmuraba esperando escuchar la decisión de La Reina, en la que me matarían o me dejarían con vida.
-Es suficiente.
La Reina se levantó del trono y caminó lentamente a nosotros.
-Los dos han luchado como auténticos guerreros, ninguno de ellos merece morir, su valor es mas fuerte que su lucha, con ellos seremos poderosos. Que quede escrito que desde hoy hasta el día de la muerte de ambos quedan unidos en pareja.
Todos los allí presentes incluido mi padre se sorprendieron cuando La Reina mencionó esas palabras.
-Pero majestad, unirles en relación… Eso no es posible y menos con el rencor que se tienen.
-Es mi voluntad y deberán acatarla. Cuando las puertas se cierren los dos quedarán unidos.  Eso es todo, llevároslos, tienen que sanar sus heridas.
Varios vampiros cogieron a Gin y mi padre se acercó a mí, me cogió en brazos y se sacó de allí haciendo el mínimo movimiento para no perder mas sangre.
-Padre. Lo, siento, no pude hacer lo que se me ordenó
-Todo está bien Raisa, has luchado como una autentica guerrera, estoy orgulloso de ti- esas palabras me calmaron y me quedé placidamente dormida en los brazos de mi padre.
Algunos días después cuando las heridas me sanaron y puse salir de la cama, me quedé mirando como aquella gran puerta se cerraba. Mi padre se acercó a mí.
-Bienvenida a tu nuevo hogar hija mía.

Las puertas se cerraron dejando el mundo de los humanos fuera del nuestro. Apartir de ese momento supe que lo siguiente y lo más duro estaría por empezar

8 ene 2013

Keil


Desde que salieron del pueblo, después de quemar la casa de su madre, Keil y Goshia viajaron por las ciudades cercanas tratando a los pacientes que había en ellas. Pero la mayoría de las veces tenían que salir corriendo cuando el paciente comenzaba ha hacer cosas raras. La gente los echaba a patadas del lugar.
Una noche, ya descansando del largo día, Goshia y Keil decidieron sentarse a las orillas de un río a descansar. Cenaron algo que llevaban en las mochilas, poca cosa, y se sentaron mirando la hoguera.
-Keil-comenzó Goshia-, ¿desde cuando eres… ya sabes, un hombre lobo?
-No creo que exista una fecha concreta. Ni siquiera sé si fui humano, creo que soy así desde que nací. – dijo mientras miraba el oscuro cielo cubierto de estrellas.-pero eso ya da igual, e he acostumbrado a esta vida, ya no la puedo cambiar, es mejor dejarse llevar.
-Entiendo…- Goshia sentía que molestaba con aquellas preguntas, pero necesitaba sacarse las dudas de la cabeza.- ¿Por qué abandonaste a mi madre?
Keil se le quedó mirando, no comprendía lo que aquel niño había dicho
- ¿A que te refieres? Ya te dije que ella murió, yo no tengo nada que ver con ella…- dijo no muy convencido de sus palabras.
- Keil, se que entre mi madre y tu había algo.
- ¿Por qué estás tan seguro de eso?
- Por el anillo que llevas en el dedo. El anillo tiene grabado el mismo símbolo que tenía mi madre en su collar, y según me contó ella cuando yo era pequeño, no hay símbolos iguales, cada símbolo pertenece a una familia. Por lo que si tú tienes el mismo símbolo es por que perteneces a nuestra familia.- Keil se quedó callado durante toda la explicación de Goshia.- ¿Eres mi padre verdad?- dijo Goshia en ultimo lugar.
Keil sonrió ante lo último que dijo Goshia.
- Eres bastante observador, nunca imaginé que descubrieras eso por ti solo. –Keil jugueteaba con el anillo-. Si, soy tu padre. Tu madre y yo nos conocimos hace mucho tiempo, cuando ella aún era pequeña, tendría unos 7 años, yo por aquel entonces tenía la misma edad que tengo ahora.  Ella me vio herido en lo profundo del bosque, y me tapó las heridas con su vestido. Tenía una enorme sonrisa en el rostro, como nunca había visto ninguna antes.
-¿Te enamoraste de ella?- dijo Goshia muy atento a la historia que le estaba contando.
-Intenté que no fuera así, ya que ella era humana y yo era, bueno, ya lo sabes… Pero me era imposible alejarme de ella, era la única que no me temía a pesar de no saber lo que era en realidad. Me traía comida y era amable conmigo. En las noches de luna llena, cuando yo me convertía en lobo la vigilaba desde el bosque, preparado para defenderla si alguien intentaba hacerla algo.
Goshia estaba emocionado por escuchar aquella historia, tanto que no podía dejar de mirar a Keil.
-Un día cuando ella tenia ya 17 años, aunque me costara, decidí dejarla, tenía la sensación de que ella no era feliz, de que se estaba agotando  su vida al estar pendiente de mí. Por lo que me fui. Ella como cada mañana fue al bosque, pero no me encontró allí, yo la vigilaba desde los árboles. Esperé a que se fuera, pero no lo hizo, se internó mucho mas en el bosque. Decidí marcharme, pero la escuché gritar y no pude hacer otra cosa más que ir a su lado. Cuando llegué, ella estaba rodeada por los ladrones de la zona. Según parecía  entrar en su propiedad estaba prohibido y tenían que castigarla, la expondrían en las ciudades para sacarse algo de dinero… yo no pude consentirlo. Me convertí en lobo para que no me reconociera y fui matando uno a uno a los ladrones que estaban a su alrededor.  Pero resulté herido en la pierna y no pude matar al último que quedaba.
- ¿Herido? ¿Como?
- Con plata. Si la plata toca la piel de un hombre lobo, puede darse el caso de la muerte si es en mucha cantidad.
- Pero ¿Cómo sobre vivisteis?
- tu madre acabó con el último que quedaba. Se acercó a mi justo en el momento en el que estaba cambiando mi forma, de lobo a hombre, y me vio. En cuanto me vio salió corriendo. Aunque no fuera de esa manera, pensé que era lo mejor para los dos, separarnos el uno del otro, dejando que ella tuviera una vida normal. Pero cuando ya casi me encontraba sin fuerzas, vi la imagen de una mujer hermosa que se arrodillaba ante mi. Al enfocar la vista, vi que ella había vuelto, me tapó con varias mantas que traía en la mano y con mucho cuidado me cogió la pierna y me inyectó el antígeno.
-¿Qué es eso?
-Es el antídoto contra la plata. Al poco tiempo comencé a sentirme mejor…”pensé que te habrías marchado” me dijo ella. Yo, sin decir nada, me levanté y comencé a caminar, pero ella me agarró del brazo parando mi marcha. “no te vayas” me dijo… la expliqué que lo nuestro no podía ser, que siendo lo que era ella debía ser feliz. Pero ella negó con la cabeza. “solo seré feliz estando junto a ti”.- Keil pronunciaba cada palabra con mucho sentimiento, como el corazón de un enamorado.- ella, ella.- palpó sus labios suavemente. Goshia entendió perfectamente ese gesto y sonrió
- ¿y os casasteis?
-No, su padre no nos dio su bendición. El dijo, y yo me lo esperaba, que yo era demasiado mayor para su hija. Pero ella no se quedó callada, ella se enfrentó a su padre diciendo que el amor no tiene edad… Después la echó de casa. Nos marchamos a vivir a esa pequeña casa en la que naciste tú. Los dos estábamos muy ilusionados. Pero un día, los de mi raza se enteraron de lo que había pasado. Y decidieron darme caza. Yo sabia que no podía quedarme, u os pondría a los dos en peligro, por lo que me marché de allí en una noche de luna llena. Y no volví, pero siempre os tuve en mi corazón.
- Vaya,- Goshia estaba muy sorprendido- es como la historia de Romeo y Julieta, que bonito.
- Si, es preciosa… Pero ahora temo que vuelvan a encontrarme, por que ellos no se andan con chiquitas, si te ven y se dan cuenta de que eres mi hijo te matarán.
- pues entréname, enséñame a ser lo que soy por naturaleza.
- es muy difícil, es un entrenamiento muy duro.
- haré lo que sea, no quiero ser una carga para ti, quiero poder defenderme de cualquier peligro…
Keil veía en los ojos de Goshia mucha fuerza y seguridad de lo que decían sus palabras.

- esta bien o haré, pero antes tienes que saber la verdadera historia de nuestras gentes y de los peligros que nos acechan.
Keil estuvo toda la noche contándole lo necesario para poder poner en marcha su entrenamiento lo antes posible. Le contó historias sobre los seres de la noche, todas las criaturas que había en nuestro mundo, y el rango que ostentaban todas ellas…
- pero no lo entiendo, - dijo Goshia, - si somos todos seres de la noche, ¿por que no podemos vivir en paz?
-Goshia, tienes que entender que todos queremos el poder y quien lo tenga dominará a todas las demás razas. Es por eso por lo que no tenemos paz, además de los humanos, entre nosotros también  hay constantes luchas eternas que no parecen terminar. Pero no te preocupes, yo te enseñaré a diferenciar a todas y cada una de las razas.
- ¿diferenciar? ¿A que te refieres? ¿Si con verlas es suficiente no?
- no seas ingenuo, hay seres, como nosotros que tienen mas de una forma
-Ponme un ejemplo.
- Los demonios, ellos tienen la apariencia de demonio y la humana que la usan para andar por las calles de las ciudades.
- ¿hay seres con solo una apariencia?
-no exactamente, pero saben como actuar. Esos son los mas difíciles de detectar. Saben camuflarse muy bien entre los humanos, se ganan su confianza y después los matan, son seres rápidos y muy astutos.  Y las de su raza saben camelarte con sus encantos, son víboras, que una vez que entras en su círculo, ya no puedes salir.
-¿Pero quienes son?
- Son los vampiros- dijo Keil con mucho enfado- ellos son los seres mas fuertes con diferencia. Las luchas entre vampiros y licántropos son legendarias, muchos seres han sucumbido a ellos por el poder que representan. Ellos usan su forma humana cuando tienen que matar, y la animal  cuando huyen. Por eso es muy difícil detectarlos.
- deben ser seres horribles.
-no te equivoques, si algo se de los vampiros, es que saben usar el elemento sorpresa, además  dicen que cada uno tiene un poder.
Después de hablar toda la noche y parte de la mañana, Goshia y Keil decidieron comenzar el entrenamiento…
¿Cuánto tiempo les llevaría?

La hija perdida


Al despertar de  mi profundo sueño me encontré tumbada en una cómoda cama. Me senté en ella y miré a mí alrededor. Estaba en una habitación sin ventanas con decorados en negro y rojo, para iluminar la habitación había en ella dos candelabros colgados en las paredes, alguna alfombra y pocas cosas más.  Me levanté de la cama, y salí de la habitación. Seguí el largo pasillo sin entrar en ninguna de las habitaciones que había en él y seguí hacia delante sin detenerme. Mirando todo a mi alrededor no veía cosas distintas a las que había dentro de la habitación, los candelabros, una larga alfombra que llegaba desde un lado del pasillo al siguiente, y unos cuadros que no pude ver bien por la poca visibilidad que había. Llegué al final del pasillo, y en la habitación en la que me encontraba había varios sofás, una mesa grande, y al fondo de esta una gran arco que hacia de unión entre esa y la sala siguiente. No me fue difícil adivinar la habitación en la que estaba, es más mi casa era muy parecida a esa, con la diferencia de que en mi casa hay ventanas por las que entra la luz del sol. Era la sala de estar, la sala principal de la casa.

-¿Pero donde estoy? ¿Qué es todo esto?- dije observando todo el lugar.
-¿Ya Estás despierta?- escuché una voz tras de mí. Al girarme, lentamente, me di cuenta de que la persona que estaba allí no era otra que el hombre que me había sacado de mi casa.

Las ropas de ese hombre ya no estaban  desgastadas, es mas, estaba vestida con un traje, y precia bastante caro.

-¿Te encuentras bien?- me dijo, al darse cuenta de que me había quedado mirándole sin decir nada.
-Si- volví en mí-, si, estoy bien… es solo que…¿Cuánto llevo durmiendo?
-casi tres días, no he querido despertarte, necesitabas reposo. ¿Cómo te llamas?
-Winry Rockbell. Y, ¿Usted?
-Rayuk Masamune
Parece que ya te encuentras mejor.
-Si, ya no me duele nada, y me he podido levantar, lo que hacía tiempo que añoraba. ¿Qué me dio? ¿Cómo sabía que me haría bien? Y ¿Dónde estamos?
El hombre mostró una sonrisa de medio lado mientras me miraba.
-¿Qué le hace tanta gracia?- el hombre sin contestarme se sentó en uno de los sillones que había frente a una gran mesa de cristal.- ¿Por qué me trajo aquí? ¿Quién es usted?- el hombre suspiró.
-Ojala me record… mas fácil- susurró muy bajito, y no pude escuchar la mejoría de las palabras.
- ¿Se encuentra bien?
-Si, estoy bien, es solo que al miraros, me estaba acordando de mi hija.
-¿por que?- me senté en un sillón al lado del que estaba el hombre sentado.
El hombre me sonrió
- la hecho tanto de menos…
- ¿Qué ocurrió? No parece muy feliz… puede que le siente bien expresarse, puede contármelo, prometo que no diré nada.
-Verás- comenzó a decir el hombre-, hace años, muchos años, me enamoré de una mujer y ella se enamoró de mí. Éramos muy felices, incluso íbamos a tener un hijo. Su parto se complicó, por que la niña venia antes de lo esperado, vino a los siete meses en vez de a los nueve que nos habían dicho los médicos. Rápidamente llevé a la madre al hospital y cuando la niña salió ella no respiraba, estuvo bastante tiempo sin respirar- aquel hombre parecía bastante triste por Todo lo que me estaba diciendo.
- ¿y que paso? ¿La niña murió?
-No, no, ella al final  respiró. Suspiré tranquilo al saber que estaban, tanto la niña como la madre, fuera de peligro. En ese momento me sentí el hombre más feliz del mundo. – las palabras, y los gestos de ese hombre no dejaban lugar a la imaginación. Por todo lo que me decía estaba claro que lo había pasado muy mal.- esa misma noche, cuando la madre dormía, salí a despejarme, y a gritar a los siete mares lo feliz que era. 

Deseoso de volver a ver a mi esposa y a mi amada hija, volví a la habitación en la que descansaban las dos, pero al llegar, la madre no estaba en la cama en la que debería estar, descansando. Y la niña no estaba en la cuna. Las dos habían desaparecido.

Me levanté del sillón y me senté junto al hombre, y le puse mi mano encima de la suya.

-No se preocupe, seguro que están bien, y quieren volver con usted.- el hombre me miró.
-Ellas no estaban desaparecido, nadie se las había llevado- el tono triste del hombre había cambiado, por uno de odio.- Encontré a la madre al borde de un barranco.
La cara de horror que se me quedó fue tal, que no había palabras para describirla.
- ¿Y la niña?
-La llevaba consigo- no podía articular palabra.- Ella iba a tirarla por el barranco y dejarla morir. No podía consentir aquello y la paré antes de que lo hiciera. Cogí a la niña y me alejé de la madre. “¿Qué estás haciendo?” la dije. “Merece morir. Es la niña del demonio” me respondió. – el hombre no sabía si seguir con la historia, al ver mi cara se paró en seco.- Perdona, no debí de hablarte de esas cosas.
- No, no pasa nada…-dije algo asustada por la historia. -¿Qué pasó después?
- La madre me dijo que no quería a esa niña, que sabiendo de quien venia ella no debía de haber nacido y que lo mejor era que muriera. Ella me explicó que la noche en la que se pudo de parto vio algo que no quiso ver e intentó matar a la niña mientras aún estaba en el su seno, pero lo que consiguió es que se pusiera de parto, por lo que decidió matarla tirándola por el barranco.
Seguí atenta a la historia mientras buscaba alguna foto de la niña o de su madre, para saber como eran, pero no había ninguna.
- Ella aún no estaba recuperada por la operación del día anterior y no pudo mantenerse en pie. Quise ayudarla, pero me rechazó, me dijo que si quería a la niña me marchara de allí y no la buscara. Se quitó el anillo del dedo y me lo tiró. Después de eso, y al escuchar que alguien venía, me marché de allí o temía que algo le pasara a la niña. – Cogió el anillo y me lo enseñó- meses después volvió a casarse con alguien de su clase, no volví a saber de ella.
- ¿Cómo se llama su hija?
-Raisa, la puse Raisa, significa amiga.
-Y ¿Dónde está?
- dos años después, inesperadamente, mientras la niña dormía, en la misma habitación en la que estabas tú, llegó alguien, llamó a la puerta. Cuando abrí la puerta, y aunque la noche era muy oscura pude reconocer la figura que estaba frente a mí. Era ella, la mujer que casi mata a mi hija.
-¿se quedó con usted?- negó con la cabeza.
-Ella nada mas entrar, y sin decir ninguna palabra se acercó a la habitación de la niña y la cogió. Como es normal la frené. “me llevo a mi hija” me dijo.
-¿su hija? ¿Pero como es posible? Si ella no la quería.
- ese día no vino sola, con ella venían varios hombre más. Entre todos los que había consiguieron pararme y me encerraron en la casa. Después la prendieron fuego. – me alejé un poco de él.  – se llevaron a mi hija.
Ahora que lo pensaba, cuando toqué la mano de ese hombre, esta estaba muy fría como si fuera un… ¿¡MUERTO!? Me levanté del sillón y me alejé poco a poco mientras le miraba fijamente.

-¿Cómo es posible que esté vivo si le quemaron? ¿Qué es usted?
- Temía que reaccionaras así. Verás, mi hija al igual que yo no somos normales, los dos tenemos la sangre maldita. Pero yo no elegí ser esto, lo escogieron por mí.
-¿a que se refiere?- dije muerta de miedo. El hombre se levantó del sillón y comenzó a acercarse a mi.
- nosotros, como muchos otros, somos los seres de la noche mas horribles que te puedas encontrar en esta tierra. Yo, soy un vampiro. –vi que sus ojos rojos se hacían mas brillantes cada vez, y dos colmillos comenzaron a aparecerle por dentro de la boca que le sobresalían de ella.

Yo, muerta de miedo, no podía correr, el hombre me tenia atrapada. Entonces, por la puerta aparecieron seres extraños, alguno de ellos vi que tenían medio cuerpo de hombre y medio de cabra, con cuernos y todo. También aparecieron mujeres con pelo de serpientes. El hombre, para mi sorpresa se giro y me protegió de esos seres extraños. Mientras estaban ocupados yo aproveché pasa salir de la casa.
Corrí por el bosque, a oscuras, sin ver nada. Solo quería irme de allí, pero no sabía donde estaba. Escuché entonces un agudo grito que me resonaba muy fuerte en los oídos. Me tapé los oídos mientras corría, pero perdí el equilibrio y  me tropecé contra un tronco que había tirado en el suelo, me raspé la rodilla por completo. Dolorida de la rodilla, y mientras intentaba mantener mis oídos tapados, un fuerte olor a sangre llegó hasta mí. No se que me pasó en ese momento, pero sentí mucho poder. El dolor desapareció, y los gritos desaparecieron. Delante de mí, apareció una mujer de pelo negro largo y con varias sabanas por vestido. No sabía la razón pero podía ver en la oscuridad, no muy bien, pero podía distinguir las figuras que se movían de las que estaban quietas, como los árboles. Todo pasó muy deprisa, pero cuando me di cuenta, esa mujer estaba en el suelo, muerta, y yo tenia la boca llena de sangre.  Después de que la mujer desapareciera. El poder que había sentido desapareció, pero el dolor no apareció, pero si el hombre que estaba en la casa.

-Vaya, parece que te las has arreglado bien.- dijo contento.
Le miré sin comprender lo que estaba pasando.
- ¿Qué, que a ocurrido?
-ven, te lo voy a explicar….- me llevó de nuevo a la casa. Y me explico lo que yo no había entendido con toda la historia.
- tu eres mi hija, tu misma lo has experimentado. Puedo asegurarte de que  el poder que has experimentado no lo experimentan los humanos.
-Entonces me está diciendo, que yo… ¿que yo también soy un vampiro?
- Medio vampiro. Aún tienes la parte humana que heredaste de tu madre. Pero eso no es inconveniente para que puedas convertirte en un vampiro.
- ¿yo? ¿Convertirme en un vampiro?
-Si, se necesita un buen entrenamiento, pero se puede conseguir.
-¿Y serás tú quien me entrene?
-Si, si así lo deseas, eso haré, no quiero que vuelva a pasarte nada, se que podrás defenderte perfectamente, eres fuerte, lo sé- el hombre estaba muy convencido.- Pero empezaremos mañana, por hoy ya has tenido demasiadas sorpresas. Será mejor que descanses y mantengas la calma para que no te pase de nuevo.
Para descansar, decidí irme a la habitación y me quedé dormida.
Al día siguiente comenzó el entrenamiento que me haría ser una vampira.
-Winry, tienes que tratar de tranquilizarte para conseguirlo… ¡Winry!- me gritó
- No me llamo Winry, me llamo Raisa, Raisa Masamune.
Vi que mi padre sonreía cuando escuchó el nombre que le dije, junto con su apellido y no el de mi madre.




Parece que Raisa ya ha empezado con su entrenamiento y parece que tendrá  un buen profesor que la enseñará lo necesario para que sepa protegerse. Pero Raisa aún tiene mucho que aprender si quiere sobrevivir en este mundo de seres de la noche de la que forma parte aparir de ahora.

Pero ella no es la única que necesita entrenamiento…. Goshia se había marchado con Keil ¿Cómo le irá?

Goshia


2
En Londres, la cuidad de Crowcity.  En esa tierra vivían en el siglo vacío, del cual no se tiene ningún archivo, los llamados hombres lobo o licántropos. Pero para la gente de esa cuidad es solo una leyenda para asustar a los niños e impedir que se acerquen al bosque que hay cerca de esta ciudad.

Pero volvamos a  nuestra historia.  En 1750 nació un niño de piel clara, ojos verdes y pelo negro. El niño creció junto a una madre que estaba muy aferrada a él, siempre le cuidaba cuando estaba enfermo… cosa que era muy normal en aquel chico, y cuando este se ponía enfermo, le ocurrían cosas que él no entendía. Los colmillos le crecían unos milímetros, que si te fijabas bien podías comprobarlo… los ojos verdes, se le volvían amarillos. Pero a pesar de esos cambios, su madre siempre cuidó de él.
Cuando el niño cumplió 10 años, la enfermedad que había perseguido al niño desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Él ya podía salir a jugar con los niños que corrían en libertad por las calles. Pero había pasado mucho tiempo, y que el pequeño no hubiera ido a la escuela repercutía en su vida social… la gente había hablado mucho de él y de su madre, y para ser sinceros las gentes de ese pueblo les trataban como a demonios, por que pocas veces, la madre,  salía a la calle, y cuando lo hacía era para comprar medicinas para su hijo, pero esas medicinas eran especiales, y es que ella misma las fabricaba. La sociedad la trató de bruja, y en más de una ocasión la intentaron quemar, por suerte, no lo consiguieron.
El niño, a pesar de haber cumplido los 13 años, su cuerpo seguía siendo el de un niño de 9, no crecía, y no experimentaba los cambios que habían experimentado otros niños de su edad… en mas de una ocasión le preguntó a su madre el motivo de ello, y ella siempre le respondía con la misma historia.

- Hijo, ya sabes lo de la leyenda que corre por estas calles, pues hay una historia que no cuentan, por que les da miedo. La historia dice que cada poco tiempo, nace un niño especial…
- Y, ¿crees que yo soy ese niño especial?- dijo el pequeño algo triste por la situación.
- Claro que si Goshia. Tú eres el niño más especial que hay en el mundo…-dijo su madre con su enorme sonrisa.

Él correspondió a esa sonrisa, con otra y con un fuerte abrazo. Poco tiempo después, el niño comenzó a interesarse por la leyenda, iba a las tiendas y compraba todo lo relacionado con la leyenda y con cosas que se le asemejaran  a ese tema. Encontró cosas relacionadas con los seres de la noche, chupasangres, licántropos… cosas que gustaban bastante.  El chico comenzó a dibujar las ilustraciones que venían en los libros que compraba. Le gustaba hacer eso, y decidió que de mayor seria pintor.
Pero el sueño de ese niño se vio en peligro. Dos años después, su madre enfermó de gravedad, y ningún medico quiso a tenderla, por lo que tuvo que ser el propio Goshia quien se ocupara de su madre. Los libros de licántropos, los vendió y los cambió por libros de medicina con los que intentaba hacer las medicinas necesarias para tratar a su enferma madre. Un día de improviso, llegó a la ciudad un medico muy curioso que venia de la capital. La gente le ignoraba y hablaba de él a sus espaldas. Las gentes que le habían visto, decían que cuando trataba de curar a un  enfermo, este se volvía loco y comenzaba a decir cosas extrañas en lenguas antiguas.  El médico llegó a la casa de Goshia sin detenerse e ignorando todas y cada una de las miradas de los ciudadanos. El médico entró en la casa y con paso firme se acercó a la madre del chico, sacó varios instrumentos de medicina, y comenzó a tratarla.

- ¿Quién eres tú?- preguntó Goshia
- Soy médico y vengo a ayudar a tu madre.
-Pero ella está muy enferma.
-Soy un buen médico conseguiré quitarla el dolor. Por cierto ¿cual es tu nombre?
-¿Por qué quieres saberlo, es que acaso quieres amenazarnos, con llevarnos a  la hoguera?
- jajaja, ¿Por qué dices esas cosas?, ¿Quién haría algo como eso?...
- las gentes de este pueblo dicen que nos quieren quemar a mi madre y a mi por ser como somos…
-No te preocupes, yo no haré nada, solo quiero ayudar…- dijo el hombre con una sonrisa en el rostro mientras que le inyectaba un sedante a la madre para que se calmara. - Dime ¿Cómo te llamas?- Goshia no sabía que hacer, si confiar o no, pero aquel médico había conseguido que su madre dejara de agonizar y se durmiera placidamente.
- Goshia. Me llamo Goshia.- dijo el niño acercándose un poco mas a los pies de la cama, en donde descansaba su madre.
El médico miró al chico y sonrió. Era un  hombre de no mas de 40 años, pero se conservaba bastante bien para la edad que tenía, no tenia canas y tampoco arrugas en el rostro, lo que le hacia parecer mas joven de lo que era.
- Encantado Goshia, yo soy Keil. Me ocuparé de tu madre, puedes ir fuera a jugar con tus amigos.
- No, no me fío de usted, prefiero quedarme y vigilarle.
-vaya, que niño mas responsable estas hecho. Estas hecho un hombre… ¿Cuántos años tienes?
- 16… aunque no lo parezca tengo 16- El médico, para asombro del niño, no mostró ninguna emoción cuando escuchó la verdadera edad que tenia Goshia.- ¿Qué le pasa? ¿no se sorprende?
- ¿Por qué iba ha hacerlo?
-Porque tengo el cuerpo de un niño de 10 años a pesar de tener 16 años… la gente se asusta cuando me ve, y me señala con el dedo.
-No me sorprendo por que a mí también me pasó algo parecido cuando tenía tu edad. Tenía mas años de los que aparentaba, y la gente se reía de mi y me daban de lado.-Goshia se sorprendía al ver que él no era el único.- pero un buen día, no té que mi cuerpo comenzó a cambiar, y crecí. Así, que no te preocupes, por que te prometo que vas a crecer, solo hay que esperar.

A Goshia le brillaron los ojos de la alegría que tenía. 
Durante varias semanas el médico trataba a la madre de Goshia, pero esta parecía no mejorar. Goshia quería aprender y siempre que el médico iba  por su casa, él le ayudaba en lo que pudiera para aprender y cuidar a la madre en los momentos en los que Keil no estuviera.
Tanto Goshia como Keil hablaban de muchas cosas además de medicina. Hablaban de la leyenda que había en el pueblo y de las criaturas de la noche que el pequeño había leído cuando tenía esos libros.
Un día, Goshia salió a buscar unas plantas que Keil le había pedido que comprara. Pero la noche se le echó encima, la luna brillaba en lo más alto del cielo. Esa noche Había luna llena. Goshia se quedó prendado de esa majestuosa luz brillante que desprendía y comenzó a recordar todas las historias que había leído sobre los hombres lobo, y lo primero que se le vino a la mente fueron los aullidos que los lobos hacían mientras miraban a la luna. El chico sonrió y se puso de nuevo en camino hacia su casa en donde le esperaban su madre y el médico. Al abrir la puerta…

-Keil, ya he llegado.- observó que en la habitación no había nadie. - ¿Doctor? Doctor soy yo, he traído las medicinas.
Goshia se paseó por todas las habitaciones hasta llegar a la habitación de la madre, en la cual ella no estaba…
-¿Mamá?

Detrás de la casa, en el bosque, se escucharon aullidos de lobo. El niño, curioso, dejó las plantas que había comprado y salió corriendo de la casa hacia donde se escuchaba con más claridad el aullido.  Llegó a un claro, en él vio a una persona… o lo que se podría considerar persona, por que estaba llena de pelo y tenia la ropa rasgada, como si un oso se la hubiera roto. Aquella persona volvió a aullar a la luna. Goshia lo vio todo desde su escondite detrás de unos árboles. Vio que aquella persona tenía a una mujer en brazos, que no parecía respirar. 

-¿¡Mamá!?- Goshia se dio cuenta que la mujer que estaba en los brazos de aquel ser, estaba muerta. La criatura se dio la vuelta y vio al chico- ¿¡Qué le has hecho maldito!?- Goshia mostraba mas irá que miedo al ver a su madre entre los brazos de aquel ser peludo y con cara de lobo.
Goshia corrió hacia el ser y aunque era pequeño, no se rindió en intentar recuperar a su madre…
-Devuélvemela…maldita bestia, la has matado…- Goshia cogió una cruz de plata que llevaba en el bolsillo. La criatura se dio cuenta y comenzó a caminar hacia atrás impidiendo que le tocara.- ¡Muere!, ¡Muere maldita bestia!- dijo mientras caminaba hacia su madre moviendo la cruz de un lado a otro.
-¡Goshia, ya basta!- una voz conocida llegó hasta los oídos del niño.
-Ke… Keil, ¿Dónde estas?- dijo el niño mirando a todos sitios buscando al médico que cuidó a su madre.
- Estoy aquí. – El chico siguió el sonido de la voz y le llevó hasta la criatura que estaba delante de él.- lo siento, no quería que me vieras así. Pero, en noches como esta no puedo evitarlo.
-¿Keil? ¿De verdad eres tú?- el chico no podía creerlo, pero tenia la sensación, después de todo lo que habían pasado, de que Keil no le mentiría-. Estás… diferente.
-Si, ya, es normal, pero no temas, no voy ha hacerte nada.- Goshia miró a la madre. Y Keil vio la tristeza en los ojos del niño.- ha pasado hace poco, ella estaba muy enferma y las medicinas no la hacían nada. He hecho lo que he podido, pero…- Keil no pudo guardar las lágrimas, y aún estando de esa forma, comenzó a llorar.
- Eras tú el que aullaba ¿los aullidos…? ¿Eres…?
- Eran por que…- Keil no sabía si podía contarle la historia, su verdadera historia. Dejó a la madre en el suelo. – es una historia muy larga de explicar…
-¿Por qué no me la explicas? Llévame contigo, - Keil le miró sorprendido- dijiste que te ibas a ir a otras ciudades, que ibas a viajar, y a mi ya no me queda nada aquí, ¿Por qué no me llevas contigo y me la cuentas?
-No se si tu madre aceptaría que te llevara conmigo. Ella querría lo mejor para ti.
- como bien has dicho, ella quiere lo mejor para mi, y yo se que si me quedo, no seré feliz por que tendría demasiados recuerdos de ella. Además, tú y yo tenemos mas cosas en común de lo que no s hemos contado ¿o me equivoco?- Keil sonrió- se que tú me las podrás explicar.
-verdaderamente eres quien esperaba de ti.- dijo Keil sonriendo mientras veía como el chico miraba, y acariciaba a su madre.- está bien, puedes venir, además, si alguien te ve hablando con un ser así, a los dos nos quemaran, y el pelo quemado no huelo muy bien que se diga.- dijo intentando hacer sonreír al chico, lo que consiguió.- venga, vámonos, será mejor que nos alejemos de este lugar lo mas rápido posible, los ciudadanos no tardarán en venir.
-antes de irnos… ¿podemos enterrar a mamá?
-claro que si. Venga, la llevaremos al cementerio…- Goshia le cortó
-creo que  a mamá le gustaría otro lugar. Pero está muy dentro del bosque.
- no importa, - Keil cogió de nuevo a la madre en  brazos y comenzó a caminar junto a Goshia.

Llegaron hasta la orilla de unas cascadas que estaban ocultas por la cantidad de árboles que había. Era un paisaje bastante hermoso, bañado por la luz de la luna que se reflejaba en el pequeño lago que había parecía que el agua brillara.

-Si, es perfecto.
Entre Goshia y Keil prepararon el entierro de la madre y se quedaron allí hasta que la luna se ocultó por completo devolviendo la verdadera forma a Keil.
- creo que es hora de irnos.
-Cuando estés preparada.- le dijo Keil alejándose un poco de la tumba, la cual habían llenado con rosas.
Goshia se acercó un poco a la corona de flores, las besó u sonrió.
- Descansa mamá, volveré a verte muy pronto.- dijo el chico mientras se daba la vuelta y caminaba de nuevo al lado de Keil hasta llegar al pueblo.

Goshia cogió lo necesario y salio de la casa, quemándola para que el recuerdo de la madre se quedara solo con él, y evitar que los ciudadanos de ese lugar pasaran a vivir en aquella casa de la cual se habían estado burlando… Goshia Junto a Keil, presenciaron la quema de la casa con una sonrisa en su rostro. Goshia grabó la fecha de ese día con una descripción. “No olvides el 17/8/1766”. Cuando la quema se redujo por completo, los dos iniciaron su viaje adonde quiera que les llevara el camino.




Winry


Durante mi niñez tuve una vida tranquila, jugaba con mis amigos, y me sentía rebelde al dormirme a altas horas de la noche. Tenía 10 años cuando toda mi vida cambió. Comencé a enfermar y mis padres me prohibieron salir a jugar a la calle con mis amigos. Me pasaba las horas tendida en la cama sin poder levantarme, con dolor de cabeza, de tripa y con mucha fiebre. En aquellos años, los médicos  no tenían medios para saber que era lo que me pasaba, por lo que no paraban de hacerme pruebas; me sacaban sangre y estaban siempre encima de mí, incluso uno de ellos dormía con migo para saber si por las noches tenia alguna reacción.
Corría el año 1769, yo ya tenía 19 años y según los médicos no me faltaba mucho para que mi vida terminara. Las únicas personas que estaban en la habitación, mientras yo estaba en la cama descansando, eran mis padres, y un doctor y algunos criados que pasaban a la habitación a dejar las cosas que el doctor les encargaba para poder tratarme. Los doctores, hace años les dijeron a mis padres que  según estaban las cosas no tardaría en morir. Solo me dieron un año como mucho, pero ya llevaba con ella 9 años. Los doctores no entendían nada de lo que estaba pasando incluso se pusieron en contacto con otros doctores de otros pueblos, pero ninguno supo como tratarme, por lo que decidieron que lo mejor sería dejarme morir tranquila.      
               
Mi madre estaba sentada a mi lado en la cama pasándome un paño por la frente para bajarme la fiebre, cosa que era imposible. Y mi padre estaba sentado en una silla mirándome y con cara de pena por lo que me pasaba.

Llamaron a la puerta. Se empezaron a escucharse gritos por parte de los criados echando a la persona que acababa de aparecer.
-¡Pero que son esos gritos!- dijo mi madre.
Una sirvienta apareció corriendo por la puerta.
-Señora, ha venido, y está muy enfadado.- dijo la chica entrecortadamente al faltarla el aire, por la carrera que se acababa de dar.
Mi padre se levantó de golpe de la silla y miró a la sirvienta, después a mi madre.
-Ha venido a por ella.- dijo mi padre muy cabreado.
-¿Y que hacemos? Ahora no podemos irnos, ella no puede moverse, no podemos irnos.
-Intentaré echarle…- sacó la pistola.
-Sabes que eso no funciona con él.
-Lo sé, pero debo que hacerlo.- mi padre salió  de la habitación muy decidido. Me senté, con dificultad, en la cama con la espalda a poyada en la espaldero.
- ¿Qué pasa mamá?- dije con voz débil.
-Nada, no es nada, descansa, es lo que necesitas.- mi madre se levantó de la cama y no dejó de mirar a la puerta- No dejaremos que te lleve- dijo en pleno susurro.
Fuera de la habitación  no paraban de escucharse gritos por parte de los criados que quedaban rápidamente en silencio. Después lo que se escuchó fue una fuerte discusión del hombre que había entrado y mi padre.
-¿Qué estas haciendo aquí? Sabes que no eres bienvenido aquí.- reconocí la voz de mi padre.
-¿ya te olvidaste de quien soy?- la voz del hombre era muy profunda, y sonaba muy enfadada.
-¿Tú? Tú no eres nadie, solo eres una aberración de la naturaleza. Un ser que no debía de  haber existido nunca.
-¡Devolvédmela!
- Ella no es como tú, ella es humana, - dijo mi padre.
- Sabes perfectamente que no es verdad, si lo fuera, ella no estaría en ese estado.
- está enferma por tu culpa, si está así es por ti. Si tú no existieras ella no estaría así.
- si no existiera yo, ella tampoco. ¡Ella es mi hija!- los gritos iban subiendo en intensidad.
Mi madre estaba muy preocupada y yo no sabia lo que pasaba por que los sonidos me llegaban en un tono muy bajo y distorsionado
-no te la vas a llevar, si ella tiene que morir morirá. Pero morirá con  sus padres.
Mi padre abrió la puerta de golpe y corrió hacia mí apartando a mi madre de golpe. Cogió una jeringuilla que tenia el doctor y cogiendo impulso  me la fue a clavar en el pecho. Como acto reflejo cerré los ojos esperando el pinchazo de mi padre. No se por que, pero en ese momento, con las pocas fuerzas que tenia, lo único que quería era morir. Llevaba tanto tiempo en ese estado, que ya no me importaba si moría. No noté el pinchazo y abrí los ojos. Vi a mi padre frente a mí con los ojos muy abiertos. Por la boca comenzaron a salirle ríos de sangre, la jeringuilla se cayó al suelo, y mi padre cayó muerto sobre mí. Vi que tenía un puñal clavado en el corazón por la espalda. Me quedé en shock al ver lo que había pasado, no podía articular palabra, ni siquiera un pequeño grito. Mi madre no se quedó callada y se enfrentó al hombre.
-¿¡Que has hecho!?- gritó mi madre horrorizada.
- ya te advertí que si volvía me llevaría a mi hija conmigo, me ha costado años, pero ahora que estoy aquí y ella se vendrá conmigo.- dijo el hombre imponiéndose a mi madre.
-¡Ella no es tu hija!- mi madre comenzó a golpear al hombre con los puños.
Mientras, yo miraba el cuerpo sin vida de mi padre. Inconscientemente miré a aquel hombre, su pelo estaba revuelto y sus ropas muy desgastadas, parecía que no se las hubiera quitado en años. Le miré a la cara, tenía los ojos rojos, pero muy rojos, y mantenía la mirada en mi madre.
-Lo es, es mi hija. Y me la voy a llevar como ya os dije cuando me encerrasteis en aquel lugar.
-No, no, no, ella no irá contigo, ella no es tu hija. Es mía y está enferma.
- ¡la estas matando! Si ella te importara algo, no la harías sufrir. Ella solo te importó cuando te dijeron que ya no podrías tener mas hijos por lo que decidiste escaparte durante meses para buscarme con la excusa de que necesitabas descanso. Entonces cuando me encontraste, tu y él  decidisteis quitármela para ascender en la sociedad sabiendo que no podría mantenerse fuera de su naturaleza- el hombre se acercó a mi, tiró a mi padre al suelo y me cogió en brazos, pero tuvo que dejarme de nuevo cuando de su pechó salió un puñal.
El hombre miró el puñal y me dejó suavemente sobre la cama y lentamente se giró a mi madre.
-te advertí, que si intentabas impedir que me llevara a mi hija lo pagarías con u vida.
Yo, desde la cama, miraba sin comprender lo que pasaba. Cada vez me encontraba más débil. El hombre se acercaba lentamente a mi madre hasta que esta estuvo a poyada en la pared. Vi a las dos personas forcejeando hasta que la mujer cayó al suelo sobre un charco de sangre que se hacia cada vez mas grande. El doctor no se había movido de su sitio en todo el tiempo en el que habían trascurrido los hechos. Cuando el doctor vio que el hombre se acercaba este saltó por la ventana, rompiendo los cristales y cayendo al suelo desde un  segundo piso.
- Cobarde- dijo el hombre.
Al caer a la calle, la gente que por allí pasaba comenzó a gritar y alertó a las autoridades que no tardaron en aparecer por el final de la calle.
- no tengo mucho tiempo- el hombre se sentó en mi cama, me miró a los ojos sonriendo de felicidad, me acarició la mejilla. Parecía que había recuperado alfo que tanto ansiaba desde hacia tiempo-tranquila, no permitiré que nos vuelvan a separar.- sacó del bolsillo de la chaqueta un frasquito con liquido dentro.
-So… So… Socorro- dije en pleno susurro
-Tranquila,- dijo con tono cariñoso- no voy a hacerte nada. Voy a llevarte a un lugar seguro para que nadie te encuentre. Pero tienes que beberte esto, no te hará nada, solo te calmará durante unos días y no sufrirás, lo prometo. Voy a curarte, voy ha hacer que dejes de sufrir, pero tienes que confiar en mi y beberte esto.
Me quedé escuchando las palabras de aquel hombre, no se por que pero sentía algo que no había sentido nunca con mi padre ni con mi madre. Elevé los brazos lentamente y con las pocas fuerzas que me quedaban cogí el frasco y me o lleve a los labios. Noté como el líquido iba entrando en mi boca. Al tener tan pocas fuerzas el frasquito se me resbaló haciendo que se cayera un poco sobre la manta y dejándome alguna que otra mancha en la barbilla.
-Vaya, - el hombre me limpió la barbilla.-tranquila dentro de poco estarás bien.
Comencé a sentirme débil, los ojos se me fueron cerrando, las fuerzas me iban abandonando y dejé caer el frasco al suelo rompiéndose en pequeños pedazos. El hombre me cogió en brazos como si fuera una pluma. Por la calle se escuchaban los cascos de los caballos que se iban acercando. Comenzaron a dar golpes en la puerta.
-¡Abran!- daban muchos golpes.
El hombre se acercó a la ventana por la que anteriormente había caído el doctor.
-tranquila, todo saldrá bien, tú solo descansa y no mires abajo.
-gracias. – dije sonriendo y amarrándome con las fuerzas que tenia a su chaqueta.

Cerré los ojos y me dejé llevar, sentí por un momento que estaba cayendo al vacío. Pero de pronto sentí que estaba volando. Abrí los ojos y vi que estaba a cierta altura del suelo. No sentí miedo, es más, me sentí bien, aunque no sabia como lo estaba haciendo.
Los ojos se me fueron cerrando hasta quedarme profundamente dormida y no volví a sentir nada durante el tiempo que estuve en brazos de ese hombre.

Esta Historia...


La historia que voy a contarles, no es una historia real, pero si que lo son nuestros dos personajes. 
Pero solo tienen en común el nombre y el alma.

Nuestros dos protagonistas son dos personas atrapadas en una guerra eterna entre los distintos seres
 que acechan en la oscuridad mientras los niños duermen.

La mayoría de las personas cuentan historias de estos seres como método para asustar a los niños
 y que vivan con miedo de que esos seres puedan aparecer en cualquier momento para comerles
 o llevárselas.  Ignorantes. Estos seres tienen otros problemas como para estar llevándose a niños.
Los protagonistas se sienten distintos a los del resto de su clase, y no sin razón, ellos tienen algo
 que les diferencian de los demás, pero que a nuestros dos protagonistas les une,
 y eso es HUMANIDAD.

En cuanto a las personas reales, como ya he dicho, el nombre de ellos es el real, y con respecto al alma, 
es que ellos se sienten también distintos a  otras personas, para ellos sus almas están encerradas en
 dos seres de menor poder del que deberían.

Pero lo mejor será que no os cuente nada y que lo leáis vosotros, si no ¿Qué gracia tendría? Bueno 
espero que os guste.


                                                                                                                                               By Raisa