Raisa y Goshia

8 ene 2013

Goshia


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En Londres, la cuidad de Crowcity.  En esa tierra vivían en el siglo vacío, del cual no se tiene ningún archivo, los llamados hombres lobo o licántropos. Pero para la gente de esa cuidad es solo una leyenda para asustar a los niños e impedir que se acerquen al bosque que hay cerca de esta ciudad.

Pero volvamos a  nuestra historia.  En 1750 nació un niño de piel clara, ojos verdes y pelo negro. El niño creció junto a una madre que estaba muy aferrada a él, siempre le cuidaba cuando estaba enfermo… cosa que era muy normal en aquel chico, y cuando este se ponía enfermo, le ocurrían cosas que él no entendía. Los colmillos le crecían unos milímetros, que si te fijabas bien podías comprobarlo… los ojos verdes, se le volvían amarillos. Pero a pesar de esos cambios, su madre siempre cuidó de él.
Cuando el niño cumplió 10 años, la enfermedad que había perseguido al niño desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Él ya podía salir a jugar con los niños que corrían en libertad por las calles. Pero había pasado mucho tiempo, y que el pequeño no hubiera ido a la escuela repercutía en su vida social… la gente había hablado mucho de él y de su madre, y para ser sinceros las gentes de ese pueblo les trataban como a demonios, por que pocas veces, la madre,  salía a la calle, y cuando lo hacía era para comprar medicinas para su hijo, pero esas medicinas eran especiales, y es que ella misma las fabricaba. La sociedad la trató de bruja, y en más de una ocasión la intentaron quemar, por suerte, no lo consiguieron.
El niño, a pesar de haber cumplido los 13 años, su cuerpo seguía siendo el de un niño de 9, no crecía, y no experimentaba los cambios que habían experimentado otros niños de su edad… en mas de una ocasión le preguntó a su madre el motivo de ello, y ella siempre le respondía con la misma historia.

- Hijo, ya sabes lo de la leyenda que corre por estas calles, pues hay una historia que no cuentan, por que les da miedo. La historia dice que cada poco tiempo, nace un niño especial…
- Y, ¿crees que yo soy ese niño especial?- dijo el pequeño algo triste por la situación.
- Claro que si Goshia. Tú eres el niño más especial que hay en el mundo…-dijo su madre con su enorme sonrisa.

Él correspondió a esa sonrisa, con otra y con un fuerte abrazo. Poco tiempo después, el niño comenzó a interesarse por la leyenda, iba a las tiendas y compraba todo lo relacionado con la leyenda y con cosas que se le asemejaran  a ese tema. Encontró cosas relacionadas con los seres de la noche, chupasangres, licántropos… cosas que gustaban bastante.  El chico comenzó a dibujar las ilustraciones que venían en los libros que compraba. Le gustaba hacer eso, y decidió que de mayor seria pintor.
Pero el sueño de ese niño se vio en peligro. Dos años después, su madre enfermó de gravedad, y ningún medico quiso a tenderla, por lo que tuvo que ser el propio Goshia quien se ocupara de su madre. Los libros de licántropos, los vendió y los cambió por libros de medicina con los que intentaba hacer las medicinas necesarias para tratar a su enferma madre. Un día de improviso, llegó a la ciudad un medico muy curioso que venia de la capital. La gente le ignoraba y hablaba de él a sus espaldas. Las gentes que le habían visto, decían que cuando trataba de curar a un  enfermo, este se volvía loco y comenzaba a decir cosas extrañas en lenguas antiguas.  El médico llegó a la casa de Goshia sin detenerse e ignorando todas y cada una de las miradas de los ciudadanos. El médico entró en la casa y con paso firme se acercó a la madre del chico, sacó varios instrumentos de medicina, y comenzó a tratarla.

- ¿Quién eres tú?- preguntó Goshia
- Soy médico y vengo a ayudar a tu madre.
-Pero ella está muy enferma.
-Soy un buen médico conseguiré quitarla el dolor. Por cierto ¿cual es tu nombre?
-¿Por qué quieres saberlo, es que acaso quieres amenazarnos, con llevarnos a  la hoguera?
- jajaja, ¿Por qué dices esas cosas?, ¿Quién haría algo como eso?...
- las gentes de este pueblo dicen que nos quieren quemar a mi madre y a mi por ser como somos…
-No te preocupes, yo no haré nada, solo quiero ayudar…- dijo el hombre con una sonrisa en el rostro mientras que le inyectaba un sedante a la madre para que se calmara. - Dime ¿Cómo te llamas?- Goshia no sabía que hacer, si confiar o no, pero aquel médico había conseguido que su madre dejara de agonizar y se durmiera placidamente.
- Goshia. Me llamo Goshia.- dijo el niño acercándose un poco mas a los pies de la cama, en donde descansaba su madre.
El médico miró al chico y sonrió. Era un  hombre de no mas de 40 años, pero se conservaba bastante bien para la edad que tenía, no tenia canas y tampoco arrugas en el rostro, lo que le hacia parecer mas joven de lo que era.
- Encantado Goshia, yo soy Keil. Me ocuparé de tu madre, puedes ir fuera a jugar con tus amigos.
- No, no me fío de usted, prefiero quedarme y vigilarle.
-vaya, que niño mas responsable estas hecho. Estas hecho un hombre… ¿Cuántos años tienes?
- 16… aunque no lo parezca tengo 16- El médico, para asombro del niño, no mostró ninguna emoción cuando escuchó la verdadera edad que tenia Goshia.- ¿Qué le pasa? ¿no se sorprende?
- ¿Por qué iba ha hacerlo?
-Porque tengo el cuerpo de un niño de 10 años a pesar de tener 16 años… la gente se asusta cuando me ve, y me señala con el dedo.
-No me sorprendo por que a mí también me pasó algo parecido cuando tenía tu edad. Tenía mas años de los que aparentaba, y la gente se reía de mi y me daban de lado.-Goshia se sorprendía al ver que él no era el único.- pero un buen día, no té que mi cuerpo comenzó a cambiar, y crecí. Así, que no te preocupes, por que te prometo que vas a crecer, solo hay que esperar.

A Goshia le brillaron los ojos de la alegría que tenía. 
Durante varias semanas el médico trataba a la madre de Goshia, pero esta parecía no mejorar. Goshia quería aprender y siempre que el médico iba  por su casa, él le ayudaba en lo que pudiera para aprender y cuidar a la madre en los momentos en los que Keil no estuviera.
Tanto Goshia como Keil hablaban de muchas cosas además de medicina. Hablaban de la leyenda que había en el pueblo y de las criaturas de la noche que el pequeño había leído cuando tenía esos libros.
Un día, Goshia salió a buscar unas plantas que Keil le había pedido que comprara. Pero la noche se le echó encima, la luna brillaba en lo más alto del cielo. Esa noche Había luna llena. Goshia se quedó prendado de esa majestuosa luz brillante que desprendía y comenzó a recordar todas las historias que había leído sobre los hombres lobo, y lo primero que se le vino a la mente fueron los aullidos que los lobos hacían mientras miraban a la luna. El chico sonrió y se puso de nuevo en camino hacia su casa en donde le esperaban su madre y el médico. Al abrir la puerta…

-Keil, ya he llegado.- observó que en la habitación no había nadie. - ¿Doctor? Doctor soy yo, he traído las medicinas.
Goshia se paseó por todas las habitaciones hasta llegar a la habitación de la madre, en la cual ella no estaba…
-¿Mamá?

Detrás de la casa, en el bosque, se escucharon aullidos de lobo. El niño, curioso, dejó las plantas que había comprado y salió corriendo de la casa hacia donde se escuchaba con más claridad el aullido.  Llegó a un claro, en él vio a una persona… o lo que se podría considerar persona, por que estaba llena de pelo y tenia la ropa rasgada, como si un oso se la hubiera roto. Aquella persona volvió a aullar a la luna. Goshia lo vio todo desde su escondite detrás de unos árboles. Vio que aquella persona tenía a una mujer en brazos, que no parecía respirar. 

-¿¡Mamá!?- Goshia se dio cuenta que la mujer que estaba en los brazos de aquel ser, estaba muerta. La criatura se dio la vuelta y vio al chico- ¿¡Qué le has hecho maldito!?- Goshia mostraba mas irá que miedo al ver a su madre entre los brazos de aquel ser peludo y con cara de lobo.
Goshia corrió hacia el ser y aunque era pequeño, no se rindió en intentar recuperar a su madre…
-Devuélvemela…maldita bestia, la has matado…- Goshia cogió una cruz de plata que llevaba en el bolsillo. La criatura se dio cuenta y comenzó a caminar hacia atrás impidiendo que le tocara.- ¡Muere!, ¡Muere maldita bestia!- dijo mientras caminaba hacia su madre moviendo la cruz de un lado a otro.
-¡Goshia, ya basta!- una voz conocida llegó hasta los oídos del niño.
-Ke… Keil, ¿Dónde estas?- dijo el niño mirando a todos sitios buscando al médico que cuidó a su madre.
- Estoy aquí. – El chico siguió el sonido de la voz y le llevó hasta la criatura que estaba delante de él.- lo siento, no quería que me vieras así. Pero, en noches como esta no puedo evitarlo.
-¿Keil? ¿De verdad eres tú?- el chico no podía creerlo, pero tenia la sensación, después de todo lo que habían pasado, de que Keil no le mentiría-. Estás… diferente.
-Si, ya, es normal, pero no temas, no voy ha hacerte nada.- Goshia miró a la madre. Y Keil vio la tristeza en los ojos del niño.- ha pasado hace poco, ella estaba muy enferma y las medicinas no la hacían nada. He hecho lo que he podido, pero…- Keil no pudo guardar las lágrimas, y aún estando de esa forma, comenzó a llorar.
- Eras tú el que aullaba ¿los aullidos…? ¿Eres…?
- Eran por que…- Keil no sabía si podía contarle la historia, su verdadera historia. Dejó a la madre en el suelo. – es una historia muy larga de explicar…
-¿Por qué no me la explicas? Llévame contigo, - Keil le miró sorprendido- dijiste que te ibas a ir a otras ciudades, que ibas a viajar, y a mi ya no me queda nada aquí, ¿Por qué no me llevas contigo y me la cuentas?
-No se si tu madre aceptaría que te llevara conmigo. Ella querría lo mejor para ti.
- como bien has dicho, ella quiere lo mejor para mi, y yo se que si me quedo, no seré feliz por que tendría demasiados recuerdos de ella. Además, tú y yo tenemos mas cosas en común de lo que no s hemos contado ¿o me equivoco?- Keil sonrió- se que tú me las podrás explicar.
-verdaderamente eres quien esperaba de ti.- dijo Keil sonriendo mientras veía como el chico miraba, y acariciaba a su madre.- está bien, puedes venir, además, si alguien te ve hablando con un ser así, a los dos nos quemaran, y el pelo quemado no huelo muy bien que se diga.- dijo intentando hacer sonreír al chico, lo que consiguió.- venga, vámonos, será mejor que nos alejemos de este lugar lo mas rápido posible, los ciudadanos no tardarán en venir.
-antes de irnos… ¿podemos enterrar a mamá?
-claro que si. Venga, la llevaremos al cementerio…- Goshia le cortó
-creo que  a mamá le gustaría otro lugar. Pero está muy dentro del bosque.
- no importa, - Keil cogió de nuevo a la madre en  brazos y comenzó a caminar junto a Goshia.

Llegaron hasta la orilla de unas cascadas que estaban ocultas por la cantidad de árboles que había. Era un paisaje bastante hermoso, bañado por la luz de la luna que se reflejaba en el pequeño lago que había parecía que el agua brillara.

-Si, es perfecto.
Entre Goshia y Keil prepararon el entierro de la madre y se quedaron allí hasta que la luna se ocultó por completo devolviendo la verdadera forma a Keil.
- creo que es hora de irnos.
-Cuando estés preparada.- le dijo Keil alejándose un poco de la tumba, la cual habían llenado con rosas.
Goshia se acercó un poco a la corona de flores, las besó u sonrió.
- Descansa mamá, volveré a verte muy pronto.- dijo el chico mientras se daba la vuelta y caminaba de nuevo al lado de Keil hasta llegar al pueblo.

Goshia cogió lo necesario y salio de la casa, quemándola para que el recuerdo de la madre se quedara solo con él, y evitar que los ciudadanos de ese lugar pasaran a vivir en aquella casa de la cual se habían estado burlando… Goshia Junto a Keil, presenciaron la quema de la casa con una sonrisa en su rostro. Goshia grabó la fecha de ese día con una descripción. “No olvides el 17/8/1766”. Cuando la quema se redujo por completo, los dos iniciaron su viaje adonde quiera que les llevara el camino.




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