Raisa y Goshia

8 ene 2013

Winry


Durante mi niñez tuve una vida tranquila, jugaba con mis amigos, y me sentía rebelde al dormirme a altas horas de la noche. Tenía 10 años cuando toda mi vida cambió. Comencé a enfermar y mis padres me prohibieron salir a jugar a la calle con mis amigos. Me pasaba las horas tendida en la cama sin poder levantarme, con dolor de cabeza, de tripa y con mucha fiebre. En aquellos años, los médicos  no tenían medios para saber que era lo que me pasaba, por lo que no paraban de hacerme pruebas; me sacaban sangre y estaban siempre encima de mí, incluso uno de ellos dormía con migo para saber si por las noches tenia alguna reacción.
Corría el año 1769, yo ya tenía 19 años y según los médicos no me faltaba mucho para que mi vida terminara. Las únicas personas que estaban en la habitación, mientras yo estaba en la cama descansando, eran mis padres, y un doctor y algunos criados que pasaban a la habitación a dejar las cosas que el doctor les encargaba para poder tratarme. Los doctores, hace años les dijeron a mis padres que  según estaban las cosas no tardaría en morir. Solo me dieron un año como mucho, pero ya llevaba con ella 9 años. Los doctores no entendían nada de lo que estaba pasando incluso se pusieron en contacto con otros doctores de otros pueblos, pero ninguno supo como tratarme, por lo que decidieron que lo mejor sería dejarme morir tranquila.      
               
Mi madre estaba sentada a mi lado en la cama pasándome un paño por la frente para bajarme la fiebre, cosa que era imposible. Y mi padre estaba sentado en una silla mirándome y con cara de pena por lo que me pasaba.

Llamaron a la puerta. Se empezaron a escucharse gritos por parte de los criados echando a la persona que acababa de aparecer.
-¡Pero que son esos gritos!- dijo mi madre.
Una sirvienta apareció corriendo por la puerta.
-Señora, ha venido, y está muy enfadado.- dijo la chica entrecortadamente al faltarla el aire, por la carrera que se acababa de dar.
Mi padre se levantó de golpe de la silla y miró a la sirvienta, después a mi madre.
-Ha venido a por ella.- dijo mi padre muy cabreado.
-¿Y que hacemos? Ahora no podemos irnos, ella no puede moverse, no podemos irnos.
-Intentaré echarle…- sacó la pistola.
-Sabes que eso no funciona con él.
-Lo sé, pero debo que hacerlo.- mi padre salió  de la habitación muy decidido. Me senté, con dificultad, en la cama con la espalda a poyada en la espaldero.
- ¿Qué pasa mamá?- dije con voz débil.
-Nada, no es nada, descansa, es lo que necesitas.- mi madre se levantó de la cama y no dejó de mirar a la puerta- No dejaremos que te lleve- dijo en pleno susurro.
Fuera de la habitación  no paraban de escucharse gritos por parte de los criados que quedaban rápidamente en silencio. Después lo que se escuchó fue una fuerte discusión del hombre que había entrado y mi padre.
-¿Qué estas haciendo aquí? Sabes que no eres bienvenido aquí.- reconocí la voz de mi padre.
-¿ya te olvidaste de quien soy?- la voz del hombre era muy profunda, y sonaba muy enfadada.
-¿Tú? Tú no eres nadie, solo eres una aberración de la naturaleza. Un ser que no debía de  haber existido nunca.
-¡Devolvédmela!
- Ella no es como tú, ella es humana, - dijo mi padre.
- Sabes perfectamente que no es verdad, si lo fuera, ella no estaría en ese estado.
- está enferma por tu culpa, si está así es por ti. Si tú no existieras ella no estaría así.
- si no existiera yo, ella tampoco. ¡Ella es mi hija!- los gritos iban subiendo en intensidad.
Mi madre estaba muy preocupada y yo no sabia lo que pasaba por que los sonidos me llegaban en un tono muy bajo y distorsionado
-no te la vas a llevar, si ella tiene que morir morirá. Pero morirá con  sus padres.
Mi padre abrió la puerta de golpe y corrió hacia mí apartando a mi madre de golpe. Cogió una jeringuilla que tenia el doctor y cogiendo impulso  me la fue a clavar en el pecho. Como acto reflejo cerré los ojos esperando el pinchazo de mi padre. No se por que, pero en ese momento, con las pocas fuerzas que tenia, lo único que quería era morir. Llevaba tanto tiempo en ese estado, que ya no me importaba si moría. No noté el pinchazo y abrí los ojos. Vi a mi padre frente a mí con los ojos muy abiertos. Por la boca comenzaron a salirle ríos de sangre, la jeringuilla se cayó al suelo, y mi padre cayó muerto sobre mí. Vi que tenía un puñal clavado en el corazón por la espalda. Me quedé en shock al ver lo que había pasado, no podía articular palabra, ni siquiera un pequeño grito. Mi madre no se quedó callada y se enfrentó al hombre.
-¿¡Que has hecho!?- gritó mi madre horrorizada.
- ya te advertí que si volvía me llevaría a mi hija conmigo, me ha costado años, pero ahora que estoy aquí y ella se vendrá conmigo.- dijo el hombre imponiéndose a mi madre.
-¡Ella no es tu hija!- mi madre comenzó a golpear al hombre con los puños.
Mientras, yo miraba el cuerpo sin vida de mi padre. Inconscientemente miré a aquel hombre, su pelo estaba revuelto y sus ropas muy desgastadas, parecía que no se las hubiera quitado en años. Le miré a la cara, tenía los ojos rojos, pero muy rojos, y mantenía la mirada en mi madre.
-Lo es, es mi hija. Y me la voy a llevar como ya os dije cuando me encerrasteis en aquel lugar.
-No, no, no, ella no irá contigo, ella no es tu hija. Es mía y está enferma.
- ¡la estas matando! Si ella te importara algo, no la harías sufrir. Ella solo te importó cuando te dijeron que ya no podrías tener mas hijos por lo que decidiste escaparte durante meses para buscarme con la excusa de que necesitabas descanso. Entonces cuando me encontraste, tu y él  decidisteis quitármela para ascender en la sociedad sabiendo que no podría mantenerse fuera de su naturaleza- el hombre se acercó a mi, tiró a mi padre al suelo y me cogió en brazos, pero tuvo que dejarme de nuevo cuando de su pechó salió un puñal.
El hombre miró el puñal y me dejó suavemente sobre la cama y lentamente se giró a mi madre.
-te advertí, que si intentabas impedir que me llevara a mi hija lo pagarías con u vida.
Yo, desde la cama, miraba sin comprender lo que pasaba. Cada vez me encontraba más débil. El hombre se acercaba lentamente a mi madre hasta que esta estuvo a poyada en la pared. Vi a las dos personas forcejeando hasta que la mujer cayó al suelo sobre un charco de sangre que se hacia cada vez mas grande. El doctor no se había movido de su sitio en todo el tiempo en el que habían trascurrido los hechos. Cuando el doctor vio que el hombre se acercaba este saltó por la ventana, rompiendo los cristales y cayendo al suelo desde un  segundo piso.
- Cobarde- dijo el hombre.
Al caer a la calle, la gente que por allí pasaba comenzó a gritar y alertó a las autoridades que no tardaron en aparecer por el final de la calle.
- no tengo mucho tiempo- el hombre se sentó en mi cama, me miró a los ojos sonriendo de felicidad, me acarició la mejilla. Parecía que había recuperado alfo que tanto ansiaba desde hacia tiempo-tranquila, no permitiré que nos vuelvan a separar.- sacó del bolsillo de la chaqueta un frasquito con liquido dentro.
-So… So… Socorro- dije en pleno susurro
-Tranquila,- dijo con tono cariñoso- no voy a hacerte nada. Voy a llevarte a un lugar seguro para que nadie te encuentre. Pero tienes que beberte esto, no te hará nada, solo te calmará durante unos días y no sufrirás, lo prometo. Voy a curarte, voy ha hacer que dejes de sufrir, pero tienes que confiar en mi y beberte esto.
Me quedé escuchando las palabras de aquel hombre, no se por que pero sentía algo que no había sentido nunca con mi padre ni con mi madre. Elevé los brazos lentamente y con las pocas fuerzas que me quedaban cogí el frasco y me o lleve a los labios. Noté como el líquido iba entrando en mi boca. Al tener tan pocas fuerzas el frasquito se me resbaló haciendo que se cayera un poco sobre la manta y dejándome alguna que otra mancha en la barbilla.
-Vaya, - el hombre me limpió la barbilla.-tranquila dentro de poco estarás bien.
Comencé a sentirme débil, los ojos se me fueron cerrando, las fuerzas me iban abandonando y dejé caer el frasco al suelo rompiéndose en pequeños pedazos. El hombre me cogió en brazos como si fuera una pluma. Por la calle se escuchaban los cascos de los caballos que se iban acercando. Comenzaron a dar golpes en la puerta.
-¡Abran!- daban muchos golpes.
El hombre se acercó a la ventana por la que anteriormente había caído el doctor.
-tranquila, todo saldrá bien, tú solo descansa y no mires abajo.
-gracias. – dije sonriendo y amarrándome con las fuerzas que tenia a su chaqueta.

Cerré los ojos y me dejé llevar, sentí por un momento que estaba cayendo al vacío. Pero de pronto sentí que estaba volando. Abrí los ojos y vi que estaba a cierta altura del suelo. No sentí miedo, es más, me sentí bien, aunque no sabia como lo estaba haciendo.
Los ojos se me fueron cerrando hasta quedarme profundamente dormida y no volví a sentir nada durante el tiempo que estuve en brazos de ese hombre.

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