Durante mi niñez tuve una vida
tranquila, jugaba con mis amigos, y me sentía rebelde al dormirme a altas horas
de la noche. Tenía 10 años cuando toda mi vida cambió. Comencé a enfermar y mis
padres me prohibieron salir a jugar a la calle con mis amigos. Me pasaba las
horas tendida en la cama sin poder levantarme, con dolor de cabeza, de tripa y
con mucha fiebre. En aquellos años, los médicos
no tenían medios para saber que era lo que me pasaba, por lo que no
paraban de hacerme pruebas; me sacaban sangre y estaban siempre encima de mí,
incluso uno de ellos dormía con migo para saber si por las noches tenia alguna
reacción.
Corría el año 1769, yo ya tenía
19 años y según los médicos no me faltaba mucho para que mi vida terminara. Las
únicas personas que estaban en la habitación, mientras yo estaba en la cama
descansando, eran mis padres, y un doctor y algunos criados que pasaban a la
habitación a dejar las cosas que el doctor les encargaba para poder tratarme.
Los doctores, hace años les dijeron a mis padres que según estaban las cosas no tardaría en morir.
Solo me dieron un año como mucho, pero ya llevaba con ella 9 años. Los doctores
no entendían nada de lo que estaba pasando incluso se pusieron en contacto con
otros doctores de otros pueblos, pero ninguno supo como tratarme, por lo que
decidieron que lo mejor sería dejarme morir tranquila.
Mi madre estaba sentada a mi lado en
la cama pasándome un paño por la frente para bajarme la fiebre, cosa que era
imposible. Y mi padre estaba sentado en una silla mirándome y con cara de pena
por lo que me pasaba.
Llamaron a la puerta. Se empezaron a escucharse
gritos por parte de los criados echando a la persona que acababa de aparecer.
-¡Pero que son esos gritos!- dijo mi madre.
Una sirvienta apareció corriendo por la puerta.
-Señora, ha venido, y está muy enfadado.- dijo la
chica entrecortadamente al faltarla el aire, por la carrera que se acababa de
dar.
Mi padre se levantó de golpe de la silla y miró a
la sirvienta, después a mi madre.
-Ha venido a por ella.- dijo mi padre muy
cabreado.
-¿Y que hacemos? Ahora no podemos irnos, ella no
puede moverse, no podemos irnos.
-Intentaré echarle…- sacó la pistola.
-Sabes que eso no funciona con él.
-Lo sé, pero debo que hacerlo.- mi padre
salió de la habitación muy decidido. Me
senté, con dificultad, en la cama con la espalda a poyada en la espaldero.
- ¿Qué pasa mamá?- dije con voz débil.
-Nada, no es nada, descansa, es lo que
necesitas.- mi madre se levantó de la cama y no dejó de mirar a la puerta- No
dejaremos que te lleve- dijo en pleno susurro.
Fuera de la habitación no paraban de escucharse gritos por parte de
los criados que quedaban rápidamente en silencio. Después lo que se escuchó fue
una fuerte discusión del hombre que había entrado y mi padre.
-¿Qué estas haciendo aquí? Sabes que no eres
bienvenido aquí.- reconocí la voz de mi padre.
-¿ya te olvidaste de quien soy?- la voz del
hombre era muy profunda, y sonaba muy enfadada.
-¿Tú? Tú no eres nadie, solo eres una aberración
de la naturaleza. Un ser que no debía de
haber existido nunca.
-¡Devolvédmela!
- Ella no es como tú, ella es humana, - dijo mi
padre.
- Sabes perfectamente que no es verdad, si lo
fuera, ella no estaría en ese estado.
- está enferma por tu culpa, si está así es por
ti. Si tú no existieras ella no estaría así.
- si no existiera yo, ella tampoco. ¡Ella es mi
hija!- los gritos iban subiendo en intensidad.
Mi madre estaba muy preocupada y yo no sabia lo
que pasaba por que los sonidos me llegaban en un tono muy bajo y distorsionado
-no te la vas a llevar, si ella tiene que morir
morirá. Pero morirá con sus padres.
Mi padre abrió la puerta de golpe y corrió hacia
mí apartando a mi madre de golpe. Cogió una jeringuilla que tenia el doctor y
cogiendo impulso me la fue a clavar en
el pecho. Como acto reflejo cerré los ojos esperando el pinchazo de mi padre.
No se por que, pero en ese momento, con las pocas fuerzas que tenia, lo único
que quería era morir. Llevaba tanto tiempo en ese estado, que ya no me
importaba si moría. No noté el pinchazo y abrí los ojos. Vi a mi padre frente a
mí con los ojos muy abiertos. Por la boca comenzaron a salirle ríos de sangre,
la jeringuilla se cayó al suelo, y mi padre cayó muerto sobre mí. Vi que tenía
un puñal clavado en el corazón por la espalda. Me quedé en shock al ver lo que
había pasado, no podía articular palabra, ni siquiera un pequeño grito. Mi
madre no se quedó callada y se enfrentó al hombre.
-¿¡Que has hecho!?- gritó mi madre horrorizada.
- ya te advertí que si volvía me llevaría a mi
hija conmigo, me ha costado años, pero ahora que estoy aquí y ella se vendrá
conmigo.- dijo el hombre imponiéndose a mi madre.
-¡Ella no es tu hija!- mi madre comenzó a golpear
al hombre con los puños.
Mientras, yo miraba el cuerpo sin vida de mi
padre. Inconscientemente miré a aquel hombre, su pelo estaba revuelto y sus
ropas muy desgastadas, parecía que no se las hubiera quitado en años. Le miré a
la cara, tenía los ojos rojos, pero muy rojos, y mantenía la mirada en mi
madre.
-Lo es, es mi hija. Y me la voy a llevar como ya
os dije cuando me encerrasteis en aquel lugar.
-No, no, no, ella no irá contigo, ella no es tu
hija. Es mía y está enferma.
- ¡la estas matando! Si ella te importara algo,
no la harías sufrir. Ella solo te importó cuando te dijeron que ya no podrías
tener mas hijos por lo que decidiste escaparte durante meses para buscarme con
la excusa de que necesitabas descanso. Entonces cuando me encontraste, tu y
él decidisteis quitármela para ascender
en la sociedad sabiendo que no podría mantenerse fuera de su naturaleza- el
hombre se acercó a mi, tiró a mi padre al suelo y me cogió en brazos, pero tuvo
que dejarme de nuevo cuando de su pechó salió un puñal.
El hombre miró el puñal y me dejó suavemente
sobre la cama y lentamente se giró a mi madre.
-te advertí, que si intentabas impedir que me
llevara a mi hija lo pagarías con u vida.
Yo, desde la cama, miraba sin comprender lo que
pasaba. Cada vez me encontraba más débil. El hombre se acercaba lentamente a mi
madre hasta que esta estuvo a poyada en la pared. Vi a las dos personas
forcejeando hasta que la mujer cayó al suelo sobre un charco de sangre que se
hacia cada vez mas grande. El doctor no se había movido de su sitio en todo el
tiempo en el que habían trascurrido los hechos. Cuando el doctor vio que el
hombre se acercaba este saltó por la ventana, rompiendo los cristales y cayendo
al suelo desde un segundo piso.
- Cobarde- dijo el hombre.
Al caer a la calle, la gente que por allí pasaba
comenzó a gritar y alertó a las autoridades que no tardaron en aparecer por el
final de la calle.
- no tengo mucho tiempo- el hombre se sentó en mi
cama, me miró a los ojos sonriendo de felicidad, me acarició la mejilla.
Parecía que había recuperado alfo que tanto ansiaba desde hacia
tiempo-tranquila, no permitiré que nos vuelvan a separar.- sacó del bolsillo de
la chaqueta un frasquito con liquido dentro.
-So… So… Socorro- dije en pleno susurro
-Tranquila,- dijo con tono cariñoso- no voy a
hacerte nada. Voy a llevarte a un lugar seguro para que nadie te encuentre.
Pero tienes que beberte esto, no te hará nada, solo te calmará durante unos días
y no sufrirás, lo prometo. Voy a curarte, voy ha hacer que dejes de sufrir,
pero tienes que confiar en mi y beberte esto.
Me quedé escuchando las palabras de aquel hombre,
no se por que pero sentía algo que no había sentido nunca con mi padre ni con
mi madre. Elevé los brazos lentamente y con las pocas fuerzas que me quedaban
cogí el frasco y me o lleve a los labios. Noté como el líquido iba entrando en
mi boca. Al tener tan pocas fuerzas el frasquito se me resbaló haciendo que se
cayera un poco sobre la manta y dejándome alguna que otra mancha en la
barbilla.
-Vaya, - el hombre me limpió la
barbilla.-tranquila dentro de poco estarás bien.
Comencé a sentirme débil, los ojos se me fueron
cerrando, las fuerzas me iban abandonando y dejé caer el frasco al suelo
rompiéndose en pequeños pedazos. El hombre me cogió en brazos como si fuera una
pluma. Por la calle se escuchaban los cascos de los caballos que se iban
acercando. Comenzaron a dar golpes en la puerta.
-¡Abran!- daban muchos golpes.
El hombre se acercó a la ventana por la que
anteriormente había caído el doctor.
-tranquila, todo saldrá bien, tú solo descansa y
no mires abajo.
-gracias. – dije sonriendo y amarrándome con las
fuerzas que tenia a su chaqueta.
Cerré los ojos y me dejé llevar, sentí por un momento
que estaba cayendo al vacío. Pero de pronto sentí que estaba volando. Abrí los
ojos y vi que estaba a cierta altura del suelo. No sentí miedo, es más, me
sentí bien, aunque no sabia como lo estaba haciendo.
Los ojos se me fueron cerrando hasta quedarme
profundamente dormida y no volví a sentir nada durante el tiempo que estuve en
brazos de ese hombre.
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