Raisa y Goshia

30 ene 2013

El clan vampírico, la Lucha.

Acababa de levantarme, aún no había a prendido a no dormir, todavía lo necesitaba.
Había pasado una semana desde que había comenzado a entrenar como vampiro. Un día llegó una visita. Cuando me levanté había un hombre en la puerta, el hombre tenía el pelo verde largo, los ojos rojos, piel pálida, y vestía como un sirviente, con un traje negro  y camisa roja.  Hablaba con mi padre, sobre una pelea o una puerta, o algo parecido, no podía escucharlos bien. Mis oídos aún no estaban desarrollados como para escuchar el tono tan bajo en el que hablaban. Después de la corta conversación, aquel hombre saltó a un árbol y después a otro alejándose de la casa. Cuando mi padre cerró la puerta me acerqué a él y me quedé detrás del sillón.
-¿Qué es eso Rayuk?- dije cuando este cerró la puerta.
-Es una carta firmada por la reina.- Rayuk se sentó en el sillón en el que estaba yo y comenzó ha abrir la carta.
-¿La Renia? ¿Pensé que ella no sabía que estabas aquí?
- Al parecer si que lo sabe, aunque hoy por hoy me alegro que lo sepa.- dijo mientras comenzaba a leer la carta.
-¿Por qué dices eso?
-Verás, esto no te lo he contado antes, pero tienes que saber algo de las criaturas oscuras.
Me senté a su lado para evitar que el tuviera que estar mirando hacia atrás todo el rato, y también para ver le mejor.
-Sabía que no estaría en esta casa por mucho tiempo, pero ha sido más del que creía.
-No te entiendo.-dije mirándole interesada.
-Verás, esta casa, la construí hace algún tiempo. Antes de conocer a tu madre, vine a este mundo nuevo que se creó, pero cada cierto tiempo el mundo se destruye dando paso a otro mejor.
-¿Pero como nos libraremos?
-Existe una puerta por la que deberemos pasar, una puerta  que separa el mundo de las criaturas con el humano, esa es nuestra única salida.
-¡Pues vámonos!
-Eso es mas fácil decirlo que hacerlo, pero no sabemos cuanto tiempo estará abierta, además debemos completar tu entrenamiento antes de volver.
-¿No es mas importante nuestra vida?
-Si, por esa razón debemos completar tú entrenamiento, verás, como nueva vampiro que eres deberás pasar ante los ojos de la reina, y eso solo lo consigues peleando contra otro vampiro.
-Tú me has enseñado a pelear, se que lo conseguiré sin problemas. –él me miró preocupado.
-Eso es lo que mas temo, que estás muy confiada, pero esos vampiros llevan décadas peleando, saben como son los duelos que la reina elije, y no son fáciles.
-¿Por qué?
-Porque es un combate a muerte.-me asusté ante sus palabras, el cuerpo comenzó a temblarme de arriba abajo.
-¿No hay, no hay manera de librarse?- Él negó con la cabeza.
-Solo  ha habido una pelea en la que ambos participantes sobrevivieron.
-¿Quiénes eran?
-Un Masamune y un familiar de la Reina-Me sorprendí.
-Uno de nuestros familiares…-Él asintió.-¿Fuiste tú?- dije
-No, no fui yo, yo maté a mi oponente, el que sobrevivió fue mi tatarabuelo. Nunca jamás se ha vuelvo a ver una pelea de esas características en la historia de los vampiros.-Escuché toda la historia que me contó sobre aquella pelea.
-¡YO GANARÉ! No importa quien sea mi contrincante sobreviviré. Lo haré por ti. Solo por ti.-sonreí contenta y confiada.
Rayuk sonrió.
Ala mañana siguiente comencé mas seriamente mi entrenamiento no dejando que nada ni nadie me golpeara.
La puerta se mantuvo abierta durante más de 4 años, y ya estábamos en el quinto año. Mi cuerpo se había estancado en el tiempo cuando cumplí los 20años, a partir de ese momento no envejecería para nadie. Durante el tiempo que estuve entrenando me enfrenté  muchos tipos de criaturas oscuras, magos, brujas, bansies… pero a lo único que no me había enfrentado y lo único a lo que mas deseaba enfrentarme era a uno de los míos y ganar para que mi padre se sintiera orgulloso de mí. Los licántropos no habían aparecido por nuestro territorio pero escuché mucho de ellos, pero no tuve el placer de enfrentarme a ninguno de ellos ya que tanto su poder como el nuestro estaba a niveles muy igualados, además de que nuestras razas tenían un pacto por el que juraron que no se atacarían los unos a los otros mientras se respetaran las tierras de cada uno, si alguna criatura osase traspasar la frontera la guerra que se formaría destruiría al mundo para siempre.
Unos meses después de mi cumpleaños nos llegó la última carta de la reina de que teníamos que volver al reino vampírico antes de que la puerta se cerrada por completo, lugar que tendría echo la siguiente luna de sangre, para lo que quedaban 2 días.
-¿Crees que debemos marcharnos ya?-Dije mientras salía de mi habitación completamente arreglada.
Tras aquel tiempo siendo vampira había conseguido dominar todas y cada una de las técnicas vampíricas, como el sueño o el oído. También había conseguido tener mi propio estilo de vestimenta y de ser. Todo en mí había cambiado desde que fui aquella niña asustadiza, hay conseguido ocultarla por completo, me había convertido en un ser que es capaz de hacer cualquier cosa cuando se lo propusiera.
-Si, ya estás lista- dijo con una sonrisa a lo que yo contesté con otra desafiante por lo que me iba a encontrar cuando llegara a la base.
Esa misma noche salimos de la casa dejándola abandonada abrimos las alas de vampiros y volamos hasta el lugar en el que se encontraba la puerta. Era un parque público que estaba lleno de adolescentes con las hormonas revolucionadas. Aterrizamos un poco alejados de ellos para que no nos vieran.
-Que asco me dan los humanos-Dije malhumorada como era normal en mí desde hacia tiempo.
-No te preocupes, no tendrás que verles mas, serán destruidos junto con el resto del mundo. Solo tenemos que traspasar la puerta y estaremos en casa.- me tocó el hombro.-Vamos, no está lejos, aguanta hasta que lleguemos, en la pelea podrás desahogarte todo lo que quieras.
-Está bien, vamos- comencé a caminar delante de él, intenté no mirar a los humanos, pero sabia que muchas de esas personas me estarían mirando y señalando, pero cerré los ojos y continué recto haciendo caso omiso a lo que dijeran o hicieran.
Traspasé la puerta sin problemas. Abrí los ojos cuando estuve dentro de esta. A mí alrededor se veía un cielo de color rojo sangre que ocultaba la luna tras unas negras nubes.
-Bien, ya estás en casa, ahora no hay nada que temer, estamos a salvo.
Le miré y después otra vez a mi alrededor. Comenzamos a caminar, me intentaba mentalizar de lo que me pasaría cuando conociera a la Reina, pero nunca tuve el placer de hacerlo y estaba un poco nerviosa.
Llegamos a la sala del trono, la Reina ya había sido informada de una nueva miembro y quería saber si ella era lo bastante fuerte como para poder pertenecer al clan o seria tan débil que no valdría la pena su vida.
-Bienvenida, Raisa Masamune- Dijo la reina con amabilidad aunque con un poco de poderío. Me incliné ante ella.- parece que es un buen prototipo, lástima que sea una mezcla entre humana y vampiro.
-Se equivoca señora, lo único que esta chica tiene es parte vampiro, su parte humana fue remplazada por la vampiro que le faltaba.
-Eso es toda una sorpresa Rayuk, parece que nos traes un buen ejemplar, deseo ver si será capaz de vencer en la batalla.
-Lo haré majestad, no perderé la batalla, quiero que mi padre se sienta orgulloso de mi, no quiero decepcionarle después de todo lo que ha hecho por mi.
-Segura de si misma, me gusta eso, ya se que haré contigo si consigues vencer la batalla.
Miraba a la reina sin dejar de escuchar a todos aquellos vampiros que estaban por allí susurrando.
-Bien, comencemos, la puerta está apunto de cerrarse y quiero ver el final del mundo humano por tercera vez. – La Reina sonrió- ¡Gin!-Gritó el nombre de alguien.
-¡Majestad!- gritó mi padre sorprendido por la decisión de La Reina.-Majestad no puede hacer eso.
-¡Cállate! Yo soy la ley, yo decidiré quien luchará con quien.
-Pero ella no está preparada para eso.
-Ese será su problema. Muerte o vida, solo hay un camino.
Ese alguien salió de entre todos los vampiros que había. Ese alguien era un chico de pelo blanco largo y los típicos ojos rojos que tienen todos los vampiros.
-¿Que deseas madre?- dijo riéndose mientras me miraba.
-Este será tu duelo a muerte, sabes lo que tienes que hacer.
-Si.- Comenzó a caminar hacia mí. Se puso a unos pasos enfrente de mí dando la espalda a la Reina.
Me quedé parada en mi sitio mientras veía a los demás vampiros susurrar.
-Otra vez, tendremos una pelea como aquella, ¿que ocurrirá?
-Raisa- mi padre se acercó a mí- no tienes que hacerlo, yo hablaré con La Reina.
-¡No! voy hacerlo, si es la voluntad de La Reina lo haré, no tengo elección.- sé que mi padre estaría preocupado por mí, pero que otra cosa podía hacer, la pelea ya había sido decidida, ahora solo tenia que aguantar en pie hasta que sonara la campana final.
-Bien, pues si todo está decidido…- Dijo La Reina
En mis manos se comenzó a ver una luz de color negro que iba tomando forma poco a poco hasta convertirse en dos abanicos de adamantium, el metal más fuerte del mundo.
-Tú también tienes habilidades. – dijo Gin- Será una pelea interesante.- No dije nada, me mantuve atenta a sus movimientos.
-Si estáis listos podéis empezar.- Dijo como última vez la Reina antes de que comenzara la pelea entre los dos vampiros.
Gin estaba parado en su sitio, no se había movido desde que La Reina dijo sus últimas palabras.
-¿No piensas atacarme?- Me dijo.
-No es bueno atacar en primer lugar, esa puede ser tu caída.
-Parece que te han entrenado bien, pero…-Desapareció de mi vista. – Esa también puede ser tu perdición.- Apareció detrás de mí y me golpeó en la espalda haciéndome avanzar unos metros hasta que paré.
Volvió a moverse de su sitio, le notaba moverse a gran velocidad, pero no conseguía seguirle. Me golpeó varias veces en el cuerpo haciendo que cayera en más de una ocasión al suelo. La gente de mí alrededor se reía de mí y me señalaba con el dedo.
-Se ve que la generación Masamune ha ido en disminución con los años.
Miré a mi padre, estaba preocupado. Pero no podía hacer otra cosa. Estaba a gatas, respirando como podía, entrecortadamente. Las heridas no se me habían cerrado y eso para mí era extraño.
-¿Por qué no se cierran las heridas?
- Que ingenua.- Gin se paró delante de mí, me golpeó en el estómago haciendo que me cayera al suelo.- Este lugar está protegido, por eso las peleas se realizan en este lugar, la regeneración queda anulada cuando se entra en este lugar.-dijo con una sonrisa burlona- Ahora solo puedes esperar a la muerte, jajajajaja- Se rió sin contemplación alejándose mientras dejaba mi cuerpo en el suelo desangrándose poco a poco. Los abanicos me habían desaparecido.
Miré a mi padre, me sentí culpable de ser tan débil por que él me había protegido y enseñado durante estos 5 años, él único que contó la verdad sobre mí, el por que de muchas cosas que requerían una respuesta que mi madre jamás me quiso dar.
-Los débiles deben perecer, los fuertes deben continuar. Es ley de vida. –Dijo Gin mientras se marchaba fuera del círculo que habían hecho los vampiros allí presentes.
-En eso te equivocas.- comencé a levantarme con las pocas energías que tenia. Él me miró.
-¿¡Qué!? ¿Cómo es posible que puedas levantarte después de esa paliza?
-Los débiles no debemos perecer, debemos continuar para hacernos más fuertes, somos el apoyo de muchos. No tenemos que perecer, el mundo necesita de todo. Siempre debe de haber un equilibrio, débil fuerte, vivo muerto, cielo tierra. Todo está conectado.-El aura comenzó a envolverme de nuevo.
-¿De que estás hablando?
-Pero sobre todo lo que está conectado son los sentimientos entre unos y otros, el sentir que eres importante para alguien te hace fuerte y tu propia fuerza, ese ha sido tu error, que solo confías en ti para luchar, no confías en nadie más.
-En un combate las confianzas en alguien sobran, solo existes tú y el enemigo.
-Te equivocas, jamás podrías vencer a numerosos enemigos solo, necesitas compañeros que te protejan donde eres mas débil, en la espalda, y tú protegerles a ellos.
-Maldita. Jamás ocurrirá eso.- Desaparecí de su vista.
Comenzó a buscarme.
-Muéstrate, esto es una pelea, si huyes morirás.- Aparecí detrás de él.
-No desapareceré.-le golpeé en la columna vertebral. Él cayó hacia delante.
Una vez en el suelo me miró con odio, un odio mayor que el de antes.
-Te dije que protegieras las espaldas, es tú punto mas débil. – Dije seriamente mientras en mi mano aparecían dos bolas de humo negro.
Gin se levantó y corrió hacia mí mientras en sus manos aparecía una luz brillante. De repente comenzó a hacer calor. A mí alrededor comenzaron a aparecer imágenes de Gin, todas acercándose a mí.
-“Solo uno de ellos es real, pero cual”- les miré a todos rápidamente mientras se iban acercando a mí-“¡Ya le tengo!”- hice que una de las bolas desapareciera de mí mano y en su lugar apareció una espada de doble filo.
Conseguí parar el ataque fácilmente. Cuando le paré y él se desconcentró, las copias que había creado desaparecieron al instante.
-Impo-Imposible, ¿Cómo me has descubierto?
-Cuando tus manos se han iluminado he sentido que la temperatura aumentaba progresivamente, tus ilusiones mantenían el mismo calor, pero solo tú habías aumentado dicho calor. Ha sido fácil, solo con la observación.
-TKS… Maldita Masamune, siempre os he odiado a ti y a toda tú familia. Me vengaré de ti.- Se empujó hacia atrás y comenzó a lanzarme bolas de luz.
Antes de que las bolas me golpearan saqué las alas y comencé a volar por todo el lugar esquivando todas las que me mandaba.
-¡Ven aquí! No huyas.
-Sígueme si puedes.- me burlé de él.
Durante los años anteriores mientras entrenaba me había documentado de todos los vampiros famosos que habían surgido a lo largo de los años. Llegué hasta un vampiro, del cual se decía que era el hijo de La Reina pero que había nacido con un problema, no podía volar, aunque no se sabía el porque.
-Lo olvidaba, no puedes volar. – me burlé.
-Ven aquí desgraciada.
Volé por toda la sala lanzándole bolas oscuras que golpeaban contra el suelo y que algunas de ellas consiguieron darle. La batalla se estaba haciendo muy fiera, los dos estábamos agotados y enfadados el uno con el otro, pero que otra cosa podíamos hacer, solo podía quedar uno de nosotros. Habíamos destrozado toda la sala y habíamos dejado heridos a más de un vampiro de los que allí se encontraban. Nuestros cuerpos aunque aún podían resistir estaban muy dañados y apenas podíamos mantenernos en pie.
-NO PERDERÉ.- volvió a correr hacia mí.
-YO TAMPOCO- corrí hacia él con las manos en alto lanzando el que seria mí último ataque.
Él pensó lo mismo que yo, cuando nos juntamos por última vez lanzamos nuestro ataque haciendo que nos explotara cerca de nosotros.
Se produjo una gran explosión. Sentí que mi cuerpo, que las fuerzas que tenía me abandonaban, comenzaba a caer sin poder hacer nada al respecto. Caí al suelo boca abajo sin poder moverme y respirando entre cortadamente intentando proteger las partes de mi cuerpo mas dañadas, intentando impedir que la sangre saliera de mi cuerpo y poder mantenerme con vida para volver a ver a mi padre una vez más.
Miré delante de mí, mi rival estaba en las mismas condiciones que yo, no podía moverse debido a la explosión causada por nuestros poderes. La gente de nuestro alrededor murmuraba esperando escuchar la decisión de La Reina, en la que me matarían o me dejarían con vida.
-Es suficiente.
La Reina se levantó del trono y caminó lentamente a nosotros.
-Los dos han luchado como auténticos guerreros, ninguno de ellos merece morir, su valor es mas fuerte que su lucha, con ellos seremos poderosos. Que quede escrito que desde hoy hasta el día de la muerte de ambos quedan unidos en pareja.
Todos los allí presentes incluido mi padre se sorprendieron cuando La Reina mencionó esas palabras.
-Pero majestad, unirles en relación… Eso no es posible y menos con el rencor que se tienen.
-Es mi voluntad y deberán acatarla. Cuando las puertas se cierren los dos quedarán unidos.  Eso es todo, llevároslos, tienen que sanar sus heridas.
Varios vampiros cogieron a Gin y mi padre se acercó a mí, me cogió en brazos y se sacó de allí haciendo el mínimo movimiento para no perder mas sangre.
-Padre. Lo, siento, no pude hacer lo que se me ordenó
-Todo está bien Raisa, has luchado como una autentica guerrera, estoy orgulloso de ti- esas palabras me calmaron y me quedé placidamente dormida en los brazos de mi padre.
Algunos días después cuando las heridas me sanaron y puse salir de la cama, me quedé mirando como aquella gran puerta se cerraba. Mi padre se acercó a mí.
-Bienvenida a tu nuevo hogar hija mía.

Las puertas se cerraron dejando el mundo de los humanos fuera del nuestro. Apartir de ese momento supe que lo siguiente y lo más duro estaría por empezar

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