Acababa de levantarme,
aún no había a prendido a no dormir, todavía lo necesitaba.
Había pasado una
semana desde que había comenzado a entrenar como vampiro. Un día llegó una
visita. Cuando me levanté había un hombre en la puerta, el hombre tenía el pelo
verde largo, los ojos rojos, piel pálida, y vestía como un sirviente, con un
traje negro y camisa roja. Hablaba con mi padre, sobre una pelea o una
puerta, o algo parecido, no podía escucharlos bien. Mis oídos aún no estaban
desarrollados como para escuchar el tono tan bajo en el que hablaban. Después
de la corta conversación, aquel hombre saltó a un árbol y después a otro
alejándose de la casa. Cuando mi padre cerró la puerta me acerqué a él y me
quedé detrás del sillón.
-¿Qué es eso Rayuk?-
dije cuando este cerró la puerta.
-Es una carta firmada
por la reina.- Rayuk se sentó en el sillón en el que estaba yo y comenzó ha
abrir la carta.
-¿La Renia ? ¿Pensé que ella no
sabía que estabas aquí?
- Al parecer si que lo
sabe, aunque hoy por hoy me alegro que lo sepa.- dijo mientras comenzaba a leer
la carta.
-¿Por qué dices eso?
-Verás, esto no te lo
he contado antes, pero tienes que saber algo de las criaturas oscuras.
Me senté a su lado
para evitar que el tuviera que estar mirando hacia atrás todo el rato, y
también para ver le mejor.
-Sabía que no estaría
en esta casa por mucho tiempo, pero ha sido más del que creía.
-No te entiendo.-dije mirándole
interesada.
-Verás, esta casa, la
construí hace algún tiempo. Antes de conocer a tu madre, vine a este mundo
nuevo que se creó, pero cada cierto tiempo el mundo se destruye dando paso a
otro mejor.
-¿Pero como nos
libraremos?
-Existe una puerta por
la que deberemos pasar, una puerta que
separa el mundo de las criaturas con el humano, esa es nuestra única salida.
-¡Pues vámonos!
-Eso es mas fácil
decirlo que hacerlo, pero no sabemos cuanto tiempo estará abierta, además
debemos completar tu entrenamiento antes de volver.
-¿No es mas importante
nuestra vida?
-Si, por esa razón
debemos completar tú entrenamiento, verás, como nueva vampiro que eres deberás
pasar ante los ojos de la reina, y eso solo lo consigues peleando contra otro
vampiro.
-Tú me has enseñado a
pelear, se que lo conseguiré sin problemas. –él me miró preocupado.
-Eso es lo que mas
temo, que estás muy confiada, pero esos vampiros llevan décadas peleando, saben
como son los duelos que la reina elije, y no son fáciles.
-¿Por qué?
-Porque es un combate
a muerte.-me asusté ante sus palabras, el cuerpo comenzó a temblarme de arriba
abajo.
-¿No hay, no hay
manera de librarse?- Él negó con la cabeza.
-Solo ha habido una pelea en la que ambos
participantes sobrevivieron.
-¿Quiénes eran?
-Un Masamune y un
familiar de la Reina-Me
sorprendí.
-Uno de nuestros
familiares…-Él asintió.-¿Fuiste tú?- dije
-No, no fui yo, yo
maté a mi oponente, el que sobrevivió fue mi tatarabuelo. Nunca jamás se ha
vuelvo a ver una pelea de esas características en la historia de los
vampiros.-Escuché toda la historia que me contó sobre aquella pelea.
-¡YO GANARÉ! No
importa quien sea mi contrincante sobreviviré. Lo haré por ti. Solo por
ti.-sonreí contenta y confiada.
Rayuk sonrió.
Ala mañana siguiente
comencé mas seriamente mi entrenamiento no dejando que nada ni nadie me
golpeara.
La puerta se mantuvo
abierta durante más de 4 años, y ya estábamos en el quinto año. Mi cuerpo se
había estancado en el tiempo cuando cumplí los 20años, a partir de ese momento
no envejecería para nadie. Durante el tiempo que estuve entrenando me
enfrenté muchos tipos de criaturas
oscuras, magos, brujas, bansies… pero a lo único que no me había enfrentado y
lo único a lo que mas deseaba enfrentarme era a uno de los míos y ganar para
que mi padre se sintiera orgulloso de mí. Los licántropos no habían aparecido
por nuestro territorio pero escuché mucho de ellos, pero no tuve el placer de
enfrentarme a ninguno de ellos ya que tanto su poder como el nuestro estaba a
niveles muy igualados, además de que nuestras razas tenían un pacto por el que
juraron que no se atacarían los unos a los otros mientras se respetaran las
tierras de cada uno, si alguna criatura osase traspasar la frontera la guerra
que se formaría destruiría al mundo para siempre.
Unos meses después de
mi cumpleaños nos llegó la última carta de la reina de que teníamos que volver
al reino vampírico antes de que la puerta se cerrada por completo, lugar que tendría
echo la siguiente luna de sangre, para lo que quedaban 2 días.
-¿Crees que debemos
marcharnos ya?-Dije mientras salía de mi habitación completamente arreglada.
Tras aquel tiempo
siendo vampira había conseguido dominar todas y cada una de las técnicas vampíricas,
como el sueño o el oído. También había conseguido tener mi propio estilo de
vestimenta y de ser. Todo en mí había cambiado desde que fui aquella niña asustadiza,
hay conseguido ocultarla por completo, me había convertido en un ser que es
capaz de hacer cualquier cosa cuando se lo propusiera.
-Si, ya estás lista-
dijo con una sonrisa a lo que yo contesté con otra desafiante por lo que me iba
a encontrar cuando llegara a la base.
Esa misma noche
salimos de la casa dejándola abandonada abrimos las alas de vampiros y volamos
hasta el lugar en el que se encontraba la puerta. Era un parque público que
estaba lleno de adolescentes con las hormonas revolucionadas. Aterrizamos un
poco alejados de ellos para que no nos vieran.
-Que asco me dan los
humanos-Dije malhumorada como era normal en mí desde hacia tiempo.
-No te preocupes, no
tendrás que verles mas, serán destruidos junto con el resto del mundo. Solo
tenemos que traspasar la puerta y estaremos en casa.- me tocó el hombro.-Vamos,
no está lejos, aguanta hasta que lleguemos, en la pelea podrás desahogarte todo
lo que quieras.
-Está bien, vamos-
comencé a caminar delante de él, intenté no mirar a los humanos, pero sabia que
muchas de esas personas me estarían mirando y señalando, pero cerré los ojos y
continué recto haciendo caso omiso a lo que dijeran o hicieran.
Traspasé la puerta sin
problemas. Abrí los ojos cuando estuve dentro de esta. A mí alrededor se veía un
cielo de color rojo sangre que ocultaba la luna tras unas negras nubes.
-Bien, ya estás en
casa, ahora no hay nada que temer, estamos a salvo.
Le miré y después otra
vez a mi alrededor. Comenzamos a caminar, me intentaba mentalizar de lo que me
pasaría cuando conociera a la
Reina , pero nunca tuve el placer de hacerlo y estaba un poco
nerviosa.
Llegamos a la sala del
trono, la Reina
ya había sido informada de una nueva miembro y quería saber si ella era lo
bastante fuerte como para poder pertenecer al clan o seria tan débil que no valdría
la pena su vida.
-Bienvenida, Raisa
Masamune- Dijo la reina con amabilidad aunque con un poco de poderío. Me incliné
ante ella.- parece que es un buen prototipo, lástima que sea una mezcla entre
humana y vampiro.
-Se equivoca señora,
lo único que esta chica tiene es parte vampiro, su parte humana fue remplazada
por la vampiro que le faltaba.
-Eso es toda una
sorpresa Rayuk, parece que nos traes un buen ejemplar, deseo ver si será capaz
de vencer en la batalla.
-Lo haré majestad, no
perderé la batalla, quiero que mi padre se sienta orgulloso de mi, no quiero
decepcionarle después de todo lo que ha hecho por mi.
-Segura de si misma,
me gusta eso, ya se que haré contigo si consigues vencer la batalla.
Miraba a la reina sin
dejar de escuchar a todos aquellos vampiros que estaban por allí susurrando.
-Bien, comencemos, la
puerta está apunto de cerrarse y quiero ver el final del mundo humano por tercera
vez. – La Reina
sonrió- ¡Gin!-Gritó el nombre de alguien.
-¡Majestad!- gritó mi
padre sorprendido por la decisión de La Reina.-Majestad no
puede hacer eso.
-¡Cállate! Yo soy la
ley, yo decidiré quien luchará con quien.
-Pero ella no está
preparada para eso.
-Ese será su problema.
Muerte o vida, solo hay un camino.
Ese alguien salió de
entre todos los vampiros que había. Ese alguien era un chico de pelo blanco
largo y los típicos ojos rojos que tienen todos los vampiros.
-¿Que deseas madre?-
dijo riéndose mientras me miraba.
-Este será tu duelo a
muerte, sabes lo que tienes que hacer.
-Si.- Comenzó a
caminar hacia mí. Se puso a unos pasos enfrente de mí dando la espalda a la Reina.
Me quedé parada en mi
sitio mientras veía a los demás vampiros susurrar.
-Otra vez, tendremos
una pelea como aquella, ¿que ocurrirá?
-Raisa- mi padre se
acercó a mí- no tienes que hacerlo, yo hablaré con La Reina.
-¡No! voy hacerlo, si
es la voluntad de La Reina
lo haré, no tengo elección.- sé que mi padre estaría preocupado por mí, pero
que otra cosa podía hacer, la pelea ya había sido decidida, ahora solo tenia
que aguantar en pie hasta que sonara la campana final.
-Bien, pues si todo
está decidido…- Dijo La Reina
En mis manos se
comenzó a ver una luz de color negro que iba tomando forma poco a poco hasta
convertirse en dos abanicos de adamantium, el metal más fuerte del mundo.
-Tú también tienes
habilidades. – dijo Gin- Será una pelea interesante.- No dije nada, me mantuve
atenta a sus movimientos.
-Si estáis listos podéis
empezar.- Dijo como última vez la
Reina antes de que comenzara la pelea entre los dos vampiros.
Gin estaba parado en
su sitio, no se había movido desde que La Reina dijo sus últimas palabras.
-¿No piensas
atacarme?- Me dijo.
-No es bueno atacar en
primer lugar, esa puede ser tu caída.
-Parece que te han
entrenado bien, pero…-Desapareció de mi vista. – Esa también puede ser tu
perdición.- Apareció detrás de mí y me golpeó en la espalda haciéndome avanzar
unos metros hasta que paré.
Volvió a moverse de su
sitio, le notaba moverse a gran velocidad, pero no conseguía seguirle. Me
golpeó varias veces en el cuerpo haciendo que cayera en más de una ocasión al
suelo. La gente de mí alrededor se reía de mí y me señalaba con el dedo.
-Se ve que la
generación Masamune ha ido en disminución con los años.
Miré a mi padre,
estaba preocupado. Pero no podía hacer otra cosa. Estaba a gatas, respirando
como podía, entrecortadamente. Las heridas no se me habían cerrado y eso para
mí era extraño.
-¿Por qué no se
cierran las heridas?
- Que ingenua.- Gin se
paró delante de mí, me golpeó en el estómago haciendo que me cayera al suelo.-
Este lugar está protegido, por eso las peleas se realizan en este lugar, la
regeneración queda anulada cuando se entra en este lugar.-dijo con una sonrisa
burlona- Ahora solo puedes esperar a la muerte, jajajajaja- Se rió sin contemplación
alejándose mientras dejaba mi cuerpo en el suelo desangrándose poco a poco. Los
abanicos me habían desaparecido.
Miré a mi padre, me
sentí culpable de ser tan débil por que él me había protegido y enseñado
durante estos 5 años, él único que contó la verdad sobre mí, el por que de
muchas cosas que requerían una respuesta que mi madre jamás me quiso dar.
-Los débiles deben
perecer, los fuertes deben continuar. Es ley de vida. –Dijo Gin mientras se
marchaba fuera del círculo que habían hecho los vampiros allí presentes.
-En eso te equivocas.-
comencé a levantarme con las pocas energías que tenia. Él me miró.
-¿¡Qué!? ¿Cómo es
posible que puedas levantarte después de esa paliza?
-Los débiles no
debemos perecer, debemos continuar para hacernos más fuertes, somos el apoyo de
muchos. No tenemos que perecer, el mundo necesita de todo. Siempre debe de
haber un equilibrio, débil fuerte, vivo muerto, cielo tierra. Todo está
conectado.-El aura comenzó a envolverme de nuevo.
-¿De que estás
hablando?
-Pero sobre todo lo
que está conectado son los sentimientos entre unos y otros, el sentir que eres
importante para alguien te hace fuerte y tu propia fuerza, ese ha sido tu
error, que solo confías en ti para luchar, no confías en nadie más.
-En un combate las
confianzas en alguien sobran, solo existes tú y el enemigo.
-Te equivocas, jamás
podrías vencer a numerosos enemigos solo, necesitas compañeros que te protejan
donde eres mas débil, en la espalda, y tú protegerles a ellos.
-Maldita. Jamás
ocurrirá eso.- Desaparecí de su vista.
Comenzó a buscarme.
-Muéstrate, esto es
una pelea, si huyes morirás.- Aparecí detrás de él.
-No desapareceré.-le
golpeé en la columna vertebral. Él cayó hacia delante.
Una vez en el suelo me
miró con odio, un odio mayor que el de antes.
-Te dije que
protegieras las espaldas, es tú punto mas débil. – Dije seriamente mientras en
mi mano aparecían dos bolas de humo negro.
Gin se levantó y
corrió hacia mí mientras en sus manos aparecía una luz brillante. De repente
comenzó a hacer calor. A mí alrededor comenzaron a aparecer imágenes de Gin,
todas acercándose a mí.
-“Solo uno de ellos es
real, pero cual”- les miré a todos rápidamente mientras se iban acercando a
mí-“¡Ya le tengo!”- hice que una de las bolas desapareciera de mí mano y en su
lugar apareció una espada de doble filo.
Conseguí parar el
ataque fácilmente. Cuando le paré y él se desconcentró, las copias que había
creado desaparecieron al instante.
-Impo-Imposible, ¿Cómo
me has descubierto?
-Cuando tus manos se
han iluminado he sentido que la temperatura aumentaba progresivamente, tus
ilusiones mantenían el mismo calor, pero solo tú habías aumentado dicho calor.
Ha sido fácil, solo con la observación.
-TKS… Maldita
Masamune, siempre os he odiado a ti y a toda tú familia. Me vengaré de ti.- Se
empujó hacia atrás y comenzó a lanzarme bolas de luz.
Antes de que las bolas
me golpearan saqué las alas y comencé a volar por todo el lugar esquivando
todas las que me mandaba.
-¡Ven aquí! No huyas.
-Sígueme si puedes.-
me burlé de él.
Durante los años
anteriores mientras entrenaba me había documentado de todos los vampiros
famosos que habían surgido a lo largo de los años. Llegué hasta un vampiro, del
cual se decía que era el hijo de La
Reina pero que había nacido con un problema, no podía volar, aunque
no se sabía el porque.
-Lo olvidaba, no
puedes volar. – me burlé.
-Ven aquí desgraciada.
Volé por toda la sala
lanzándole bolas oscuras que golpeaban contra el suelo y que algunas de ellas
consiguieron darle. La batalla se estaba haciendo muy fiera, los dos estábamos
agotados y enfadados el uno con el otro, pero que otra cosa podíamos hacer,
solo podía quedar uno de nosotros. Habíamos destrozado toda la sala y habíamos
dejado heridos a más de un vampiro de los que allí se encontraban. Nuestros
cuerpos aunque aún podían resistir estaban muy dañados y apenas podíamos
mantenernos en pie.
-NO PERDERÉ.- volvió a
correr hacia mí.
-YO TAMPOCO- corrí
hacia él con las manos en alto lanzando el que seria mí último ataque.
Él pensó lo mismo que
yo, cuando nos juntamos por última vez lanzamos nuestro ataque haciendo que nos
explotara cerca de nosotros.
Se produjo una gran
explosión. Sentí que mi cuerpo, que las fuerzas que tenía me abandonaban,
comenzaba a caer sin poder hacer nada al respecto. Caí al suelo boca abajo sin
poder moverme y respirando entre cortadamente intentando proteger las partes de
mi cuerpo mas dañadas, intentando impedir que la sangre saliera de mi cuerpo y
poder mantenerme con vida para volver a ver a mi padre una vez más.
Miré delante de mí, mi
rival estaba en las mismas condiciones que yo, no podía moverse debido a la
explosión causada por nuestros poderes. La gente de nuestro alrededor murmuraba
esperando escuchar la decisión de La
Reina , en la que me matarían o me dejarían con vida.
-Es suficiente.
-Los dos han luchado
como auténticos guerreros, ninguno de ellos merece morir, su valor es mas
fuerte que su lucha, con ellos seremos poderosos. Que quede escrito que desde
hoy hasta el día de la muerte de ambos quedan unidos en pareja.
Todos los allí
presentes incluido mi padre se sorprendieron cuando La Reina mencionó esas
palabras.
-Pero majestad,
unirles en relación… Eso no es posible y menos con el rencor que se tienen.
-Es mi voluntad y
deberán acatarla. Cuando las puertas se cierren los dos quedarán unidos. Eso es todo, llevároslos, tienen que sanar
sus heridas.
Varios vampiros
cogieron a Gin y mi padre se acercó a mí, me cogió en brazos y se sacó de allí
haciendo el mínimo movimiento para no perder mas sangre.
-Padre. Lo, siento, no
pude hacer lo que se me ordenó
-Todo está bien Raisa,
has luchado como una autentica guerrera, estoy orgulloso de ti- esas palabras
me calmaron y me quedé placidamente dormida en los brazos de mi padre.
Algunos días después
cuando las heridas me sanaron y puse salir de la cama, me quedé mirando como
aquella gran puerta se cerraba. Mi padre se acercó a mí.
-Bienvenida a tu nuevo
hogar hija mía.
Las puertas se
cerraron dejando el mundo de los humanos fuera del nuestro. Apartir de ese
momento supe que lo siguiente y lo más duro estaría por empezar
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